Respuesta a Las chicas son guerreras parte II

Pregunta

Hola, Carmencita:

¡Qué tema más delicado sacas! Un tema cargado de polémica en el que poca gente se pone de acuerdo, incluso entre los que saben mucho más que yo. Veré lo que puedo hacer. Como siempre, voy a tratar de ser objetivo, pero también voy a dar mi opinión, creo que bastante ecuánime, pero, eso sí, en su mayor parte basada en fundamentos lingüísticos. El resumen es que, aunque es verdad que la morfología y la sintaxis del español y de otras lenguas podrían reflejar tiempos pasados sexistas o androcéntricos, no creo que en la conciencia de la mayoría de los hablantes actuales ese sexismo esté presente ni que esta herencia fomente el sexismo o el machismo. Desarrollo a continuación esta idea.

En primer lugar, podríamos entrar en discusiones sobre si hay más palabras positivas relacionadas con lo masculino que lo femenino, como el contraste entre cojonudo y coñazo que mencionas o la connotación negativa de manceba frente a mancebo, de zorra frente a zorro o tipa e individua frente a tipo e individuo. Yo podría contraatacar diciendo que igual que existe nenaza como algo negativo, tenemos machorro y, curiosamente, solo machorro está en el diccionario (al menos en la última versión en línea; que todavía no he comprado la última edición que acaba de salir). También te podría decir que señorito, se define solo en masculino como «Joven acomodado y ocioso» o que machista tiene connotaciones más negativas que feminista o que uno se lo pasa teta cuando se lo pasa bien. Pero yo creo que esa discusión, en la que yo saldría seguramente perdiendo por muchos otros casos que se me ocurrieran, no quitaría la razón a los que opinan que lo masculino se veía y puede que se siga viendo como algo valeroso y fuerte y lo femenino como algo débil o que el papel que se le da al hombre y a la mujer en relación con el sexo es diferente, como demuestra el caso que mencionas de gozar. Este último es un tema en el que no tengo conocimientos ni preparación suficientes para entrar, pero es verdad que hay ejemplos de esta disparidad. Lo de gozar se puede ver en uno de los más celebrados personajes de nuestra literatura, don Juan, quien en El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, por ejemplo, goza a las mujeres. Pero no me quiero meter en discusiones sobre el léxico y quiero ir más lejos.

Creo que la visión que cada uno tenga del hombre y de la mujer es independiente de que, por ejemplo, use nenaza para llamar cobarde a alguien. Por mucho que consideremos cierto que el español presenta vestigios de ese pasado androcéntrico, esto no quiere decir que los hablantes mantengan ese sentir y no creo, por ejemplo, que el hecho de conservar el masculino como genérico fomente el machismo. Sin ser un experto en el tema, me da la sensación de que, aunque aún queda mucho por conseguir, la sociedad actual es mucho menos machista que la de generaciones pasadas. La información que compartieron Lucía y Cleo sobre que los países con lenguaje más neutro son de los que presentan mayor igualdad de género podría deberse en este sentido a que por algún motivo tienen un pasado menos androcéntrico, lo cual se refleja en su lengua, y, por tanto, ha sido más fácil combatir esa visión porque había menos machismo desde un principio. No creo que signifique que por tener actualmente una lengua más neutra, esta fomenta menos el machismo. A este respecto, exagerando mucho (quizás demasiado) las cosas, y consciente de que es un tema menos sensible, también conservamos en la lengua muchas palabras relacionadas con la mitología y con los dioses y nadie diría que se esté fomentando el politeísmo o el cristianismo. Por ejemplo, algo bonito es divino, alguien que nos inspira es una musa, una fiesta loca es una bacanal, el martes es el día de Marte, el miércoles el de Mercurio y el jueves el de Júpiter, hay enfermedades venéreas (de Venus), y no por ello creemos en todos los personajes mencionados. (Si a alguien le interesa el origen mitológico de las palabras le recomiendo el libro Las palabras y los mitos de Isaac Asimov).

Se puede ver la cuestión de otra manera, relacionada con mi respuesta a la parte uno de La chicas son guerreras. Allí exponía mi idea de que parte del problema radica en el hecho de llamar masculino al grupo de nombres que, como dije entonces, se combinan con ese, y a los adjetivos que concuerdan con ellos. Se está dando sexo a lo que no lo tiene: a un género gramatical. (Al margen de que como bien le dicen a Shanti Andía en la obra de Baroja, «El sexo es una indicación muy vaga y las variaciones son infinitas»). Yo sugería llamar a este grupo clase 2 para evitar este problema. Si lo pensamos bien, no hay ninguna razón por la que la o de alumno se deba interpretar como algo masculino. Esa o no deja de ser una letra. Para colmo, curiosamente el nombre de la letra o es de las pocas palabras que terminan en –o y que es femenina: la o (igual que la mano o la radio). Y, perdonad la tontería, pero es que encima la o icónicamente tiene más forma de *** que de ***. Así, utilizar los alumnos como genérico tiene de masculino solo el nombre gramatical que se le ha asignado al género. Pero bueno, aun aceptando la etiqueta de masculino, en vez de clase 2, la cuestión se podría entender de dos formas distintas: que el masculino se usa para el genérico o que el genérico se usa para el masculino y por eso el masculino se llama el género no marcado. La segunda opción yo creo que restaría importancia al masculino frente al femenino, que tendría género propio y exclusivo. Pero sé perfectamente que esto se puede ver desde distintos puntos de vista y entiendo que uno de ellos es que la mujer queda excluida del genérico; más aún en casos como los padres, donde hasta se usa una palabra distinta para el masculino que para el femenino.

Ahora bien, creo que no se debe considerar, y entendería que alguien al que se le acuse de ello se ofendiera, que el que usa el genérico en vez de desdoblar en los alumnos y las alumnas sea machista o sexista. Simplemente ha aprendido este recurso que posee el español, el de usar un mismo grupo de palabras o género para referirse a unos determinados seres masculinos que a esos seres en general. Además, se podría afirmar que de alguna manera el género masculino en el uso genérico está gramaticalizado, esto es, que, aunque tiene forma masculina, no se interpreta como tal. Como bien dice el académico Ignacio Bosque en su difundido y no falto de polémica artículo sobre el sexismo, también en francés el genérico on procede de homine ‘hombre’ y tothom en catalán se usa ‘todos’, significando literalmente ‘todo hombre’ y nadie se enfada. También en español nadie procede de nati que significa ‘todos los nacidos’ en masculino. ¿Habría que decir nadie y nadas para que se entendiera que no hay ni mujeres ni hombres? No, porque el significado masculino de nadie se ha perdido de la conciencia del hablante, igual que creo que lo ha hecho para muchos al usar el genérico, seguramente porque se aprende de pequeño, igual que aprendemos a decir se me en vez de me se. Y no creo que lo que aprendamos sea a que dentro del masculino entra el femenino, sino a que el género gramatical masculino (para mí clase 2) se usa también como genérico y esto significa que incluye (no que excluye) al femenino.

No obstante, viendo lo que comenta Iuren sobre su hijo, puede que los niños, por algún motivo, estén empezando a ver el masculino como exclusivamente masculino, es decir, como forma que excluye el femenino. Si esto fuera así, los hablantes que sientan esto sin lugar a dudas tendrán que encontrar y encontrarán una solución gramatical para referirse a todos, como se han encontrado a lo largo de la historia soluciones ante otros problemas gramaticales. Puede que una solución sea el desdoblamiento. No es la más económica, pero no siempre lo económico es lo preferido. Por ejemplo, se usa más encima de que sobre o debajo de que bajo. Yo jamás diría que alguien está escondido bajo la mesa, sino debajo de la mesa, a pesar de que debajo de es más largo y, por tanto, supuestamente menos económico. Otra solución sería usar una vocal distinta o, quién sabe, incluso adoptar una nueva vocal. Quien haya leído El instinto del lenguaje de Pinker sabrá que los niños son capaces de eso y de más. Se sabe que han sido capaces de crear una lengua con gramática (las lenguas criollas) a partir de lenguas intermedias que no poseían una gramática completa por ser una mezcla artificial de varias lenguas que usaban hablantes de distintos orígenes para comunicarse (lenguas pidgin). Se sabe también que niños sordos han creado una sintaxis a partir de lenguas de signos que no la tenían. Así que si los niños empiezan a ver un problema en el uso del masculino como genérico lo cambiarán y esto será una bella muestra más de cómo la lengua, por ser natural, evoluciona. Y la RAE, en su momento, recogerá ese cambio.

Pero, como siempre, creo que no hay que forzar las cosas. Igual que para alguien que ve en el uso genérico exclusión en la mujer, a alguien que no lo ve porque tiene este masculino gramaticalizado le resultará redundante decir los alumnos y las alumnas. Hubo gente que solo cuando surgió la polémica cayó en la cuenta de que el masculino tenía la misma forma que el genérico. A esas personas no hay que forzarlas a desdoblar porque para ellos sería redundante. Es como si a los hablantes de latín se les hubiera impuesto el uso de los artículos.

Como siempre digo, lo que hay que hacer ante casos de controversia es respetar. Si uno ve que a alguien le molesta que no se desdoble, puede desdoblar en su presencia. Igual que si alguien ve que a otro le molesta el uso de español en vez de castellano para referirse a nuestra lengua, o al revés, debe optar por uno u otro, según convenga, por mucho que los dos términos estén aceptados. Entre otras cosas, el lenguaje es una herramienta para la comunicación con los demás y lo ideal sería usarlo de una manera que permita una comunicación lo más satisfactoria y pacífica posible. A mí por ejemplo de pequeño se me quedó grabado que un par significa ‘varios’ y no ‘dos’. Así, cuando alguien me dice «Dame un par de aceitunas», entiendo ‘unas cuantas’. El que me conozca y me quiera pedir dos aceitunas podrá facilitarme la tarea y decirme «Dame dos aceitunas» o yo tendré que adaptarme y entender que un par son dos para hacer la comunicación satisfactoria. Todos los que se comunican deben aportar y respetar. Por eso en casos en los que se quiera determinar específicamente que hay hombres y mujeres o cuántos hombres y cuántas mujeres hay, sí que habría que desdoblar: «Tengo dos hermanos y dos hermanas». Lo que no hay que hacer es recurrir a estrategias artificiales, innecesarias y, hasta, a veces, ridículas y erróneas, como usar sistemáticamente el profesorado para evitar los profesores o quien lo quiera en vez de el que lo quiera, como bien explica Ignacio Bosque en el artículo susomentado. Y también, para favorecer la comunicación, en los casos de ambigüedad que sacas, Carmencita, a colación como la música, que puede referirse a la mujer dedicada a la música o al arte en sí, nuevamente, en aras de una buena comunicación se deberán evitar los casos que puedan entorpecer la comprensión.

En conclusión, mi opinión es que, si bien es cierto que la lengua puede conservar restos de un pasado androcéntrico, esto no implica ni que los hablantes tengan ya conciencia de ellos, ni que afecten a nuestra visión del mundo (aunque estoy de acuerdo en que la lengua puede condicionarnos) ni, mucho menos, que los que usen esa lengua sean androcéntricos o, peor aún, machistas.

Espero que se hayan entendido bien mi opinión y los argumentos expuestos. Por favor, no dudéis en comentar, criticar o pedir aclaraciones sobre cualquier punto.

Un abrazo a tothom.

El Académico

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3 Comentarios

  1. Hola Académico!
    En primer lugar felicidades a Carmen y a ti por el blog y me alegra que se saquen estos temas que me resultan tan interesantes. Al comienzo hablas de las connotaciones negativas de la palabra machista y las comparas con feminista. Esa comparación considero que no tiene sentido alguno pues lo contrario a machismo sería hembrismo. Tampoco creo que la lengua española sea herencia de un pasado sexista. La lengua es reflejo de la sociedad patriarcal en la que vivimos y connotaciones como coñazo o es la poya!, son pequeñas muestras. Por otro lado si que creo que la lengua tiene la intencionalidad que cada persona quiera darle. Si que es cierto que yo de manera personal intento cuidar el uso del lenguaje, pero no considero a una persona más o menos sexista porque utilice el masculino genérico. Pero entiendo que si somos mayoría de mujeres en una conversación lo lógico, desde mi punto de vista, es que utilicemos el femenino para referirnos al grupo. De todas maneras creo que la falta de mujeres dentro de la real academia de la lengua tampoco contribuye a integrar una perspectiva de género en la lengua española.

    Me gustaría plantear lo siguiente. Si vosotros los hombres, vivieseis en un sistema en el que se os infravalora en comparación a la mujer, cobraseis menos que nosotras, se diera por hecho que vuestra función en la vida es procrear y cuidar de vuestras criaturas, se os dijera que no salieseis a la calle con esos pantalones pitillos tan ajustados o que volvieseis antes a casa porque a ver si os va a pasar algo, si se os tachase como golfas cuando os acostáis con 2 en una misma noche en lugar de como craks, entonces quizá os paraseis también a analizar por qué el lenguaje tampoco os acompaña, y es posible que pensaseis, o no, que ayuda a reforzar los estereotipos de género.

    Un abrazo!!
    B.

  2. Muy interesante todo, y concuerdo al 100%, pero creo que hay un tema que no sacas y que creo que explicaría el motivo de la confusión género-sexo. Ese motivo no es otro que la “contaminación” del español (o castellano) con el inglés, en donde la palabra “gender” hace referencia tanto al género gramatical como al sexo biológico. Así, cuando un angloparlante nos pregunta por nuestro sexo, no utiliza la palabra “sex” (que hace referencia exclusivamente a la unión carnal) mas la palabra “gender”.

  3. Por otro lado, sí es cierto que la solución que propones de etiquetar las palabras como “clase 1” y “clase 2” en vez de “masculinas” y “femeninas” puede ser eficaz en tanto en cuanto rompe con la equiparación entre sexo y género, dando a entender claramente que una cosa es lo biológico y otra lo gramatical. Empero -y esta es mi opinión como lingüista- creo que esta división tiene como inconveniente un teoricismo excesivo: hablando en plata, creo que es una división poco intuitiva, poco pragmática, y mucho más cercana a la teoría sintáctica que a la utilidad discursiva. Quiero decir: como recurso teórico para resolver el problema de la confusión entre masculino-género y masculino-sexo y femenino-género y femenino-sexo es aceptable, pero no sé hasta qué punto podría ser asumida intuitivamente (permeabilizada) por los hablantes nativos, que, sin duda, mental e irremediablemente seguirán equiparando género con sexo.

    Un saludo.

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