El Principito

Hola, Académico:

Me encanta recibir mensajes con preguntas.

Ya nadie me llama Carmen… Ya soy Carmencita.

La pregunta de hoy viene desde China de la mano de mi amigo Javi.

Javi es de esas personas que la vida te regala. Siempre digo que como él hay uno en cada continente. Y yo tengo la suerte de que me ha tocado en Europa. Ahora los chinos me lo han robado. Más les vale cuidarle.

El caso es que me mandó esta curiosa pregunta:

“Carmencita, ¿por qué cambiamos de ordinales a cardinales a partir del décimo cuando nos referimos al nombre de los reyes?; a Felipe II lo llamamos “segundo”; a Fernando VII lo llamamos “séptimo”-; y sin embargo a Alfonso XII lo llamamos “doce”. ¿No deberíamos decir duodécimo? ¿A qué se debe este cambio?

Hay respuesta para mi?”

Interesante.

No quiero dejar de saludar a Santi y Fontán defensores de lo que ellos mismos han acuñado como FROILANISMO.

Su teoría no deja indiferente a nadie y sus motivos para declarar al rebelde real como legítimo heredero son, sin lugar a dudas, dignos de análisis.

Espero que se animen y no s los cuenten.

Ya por último, estaría bien que repasásemos los apodos de los reyes más ilustres y populares de nuestro reino.

Por ejemplo Fernando VII “el deseado”.

Una entrada completa y para sacar nota.

Gracias

Carmencita

Respuesta

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CP: Que os a-p-r-o-v-e-c-h-e*!!!!

Querido Académico:

Hay entradas que llevan dando vueltas en mi mente meses.

Esta es una de ellas y tras decirme Pau que ya era hora de abarcarla me he decidido a escribir. Quería esperar al mejor momento. Y si sigo así… No va a llegar nunca.

Es quizás una de las más difíciles. Cuando la leas lo entenderás y más aún cuando uno intenta ser políticamente correcto y agradar a todos.

Se trata del ‘¡Que aproveche!’

¿Cómo empezar?

Me gustaría por el principio, pero ahí necesito que me ayudes.

¿De dónde viene esta expresión?

Lo más curioso de todo es cómo la usa la gente y cómo para ciertas personas su empleo es de mal gusto o incluso de mala educación y como para muchos es sinónimo de saber estar y de intentar agradar.

Tengo amigos que lo dicen, sin ir más lejos Santi.

Me entra la risa porque un 15 de mayo, mientras íbamos a las Ventas, le dijo a su inseparable amigo Toni:

-Toni, tío, ¿sabes qué? Ahora resulta que no se puede decir ‘qué aproveche’.

Toni me acusó con la mirada y nos empezamos a reír. Sabía que eso sólo podía venir de mí.

-Carmen, ¿de dónde has sacado esto?

Les expliqué que a mí en mi casa siempre me habían dicho que no se decía.
Pero que cuando empecé a darme cuenta de que mucha gente lo decía me paré a pensar:

¿Cómo es posible que para unos sea de mala educación y para otros de buena? Porque si algo tengo claro es que quien lanza un ‘¡Qué aproveche! Siempre lo hace con la mejor de las intenciones. ¡Por eso se merece toda mi simpatía!

Les expliqué mi teoría y les dije que me parecía absurdo que hubiese gente que pensase que es de mala educación y que pensar eso me parecía un esnobismo (¿snobismo?), pero que también era cierto que yo me veía incapaz de decirlo. Que si me lo decían sonreía y daba las gracias. O como mucho se me escapaba un tímido ‘igualmente’.

Pau me comentaba que en la Manga cuando comen en la terraza de su casa (una pasada literalmente a dos pasos de la arena de la playa) la gente al pasar y verles en vez de decir buenas tardes ya directamente sustituyen el saludo por un ¡qué aproveche!

A mi amiga Pau, que es de la escuela del ‘anti-que-aproveche’, se le atraganta la comida y cena una media de 5 veces al día.

Me encantaría que me/nos contases si sabes de dónde viene esta expresión y por qué su percepción tan dispar por unos y otros.

Y a vosotros, los lectores y seguidores del Académico y Carmencita, ¡mojaos por favor!

¿De qué escuela sois?
¿Qué os parece esto?
¿Cómo lo utilizáis o por qué NO lo decís nunca?

Diría un que os aproveche esta entrada, pero ya sabéis… Yo sólo sonrío…

Carmencita


Querida Carmencita:

Tienes razón en que es una pregunta difícil, pero a la vez muy interesante. Yo de cortesía y protocolo no sé mucho, pero trataré de darte una respuesta ayudándome de herramientas lingüísticas.

En primer lugar, confieso que yo utilizo el «¡Que aproveche!» como muestra de cortesía. Y además mucho. Pero trataré de ser imparcial en la respuesta, aunque me temo que levantará polémica.

En segundo lugar, hay que aclarar que se escribe «¡Que aproveche!» sin tilde, porque aquí el que es una conjunción átona y no un pronombre exclamativo tónico, por ejemplo. Es como si dijéramos «¡Deseo que aproveche!».

Aclarado esto, veamos distintos aspectos. Lo primero es que, pese a los que habéis manifestado vuestro rechazo al «¡Que aproveche!» considerándolo descortés o, incluso, paleto, es decir, los «antiqueaprovechistas», hay que decir que, buscando en obras literarias, en general el recibir un «¡Que aproveche!» suele sentar bien y el no recibirlo mal. Por poner un ejemplo, Alfonso Ussía en su Tratado de las buenas maneras escribe:

«Lo que más molestó al barón de esta desagradable aventura es que Domitilo, siempre tan correcto y respetuoso, no le dijera ¡que aproveche! cuando el barón procedió a darle el inaugural mordisco.»

Pero también es verdad que se puede encontrar lo contrario buscando por la red. Por ejemplo, leo en un artículo titulado «Los diez mandamientos del protocolo» lo siguiente:

«Lo del “Que aproveche!”, por favor, eso sí que no. Si lo piensas, no significa otra cosa que desearte que eructes!! Erradicado de nuestro vocabulario gastronómico.»

Ante esto, la verdad es que, si uno lo piensa y, sobre todo, si investiga un poco, llegará a la conclusión de que «¡Que aproveche!» no significa que se esté deseando que el otro eructe. Si uno mira la etimología de aprovechar, verá que está formado a partir de provecho. Provecho viene del latín profectus, que se deriva del verbo proficere, que significa ‘adelantar’, ‘prosperar’ o ‘ser útil’. Por tanto, lo del eructo no tiene mucho sentido; lo que se está deseando es que al otro la comida le sea útil y provechosa, lo cual no quiere decir que acabe en eructo.
Es verdad que a veces los eructos están relacionados con el «¡Que aproveche!» porque a veces cuando uno se tira un eructo se le dice «¡Que aproveche!» irónicamente, tal y como se puede observar en este fragmento de Camilo José Cela de Judíos, moros y cristianos:

«En la ribera verde y delectosa del sacro Tormes, dulce y claro río, el vagabundo, en una tabernilla no muy a la mano, un lunes de mercado del año 1953, en Barco de Ávila, escuchó el regüeldo más detonador y alarmante de toda su existencia.
—Que aproveche.
Por Castilla, tierra de cuidadosos y no fáciles aprovechamientos, se desea provecho tanto para engullir como para digerir.
—Gracias.»

Pero no es que a uno se le desee que eructe, sino que una vez que ha eructado se le dice irónicamente «¡Que aproveche!», al estilo árabe.

Una razón por la que se me ocurre que podría molestar el «¡Que aproveche!» es si el que lo dice se está quejando porque no se le ha invitado o porque no se siente invitado y lo dice de manera irónica. Esto se ve más o menos en este fragmento de Los duendes de la Camarilla de Galdós:

«Y Merino: “¿Estáis de bodorrio? Ahora iréis de comistraje”. Y Ansúrez: “Si quiere participar, tendrá la presidencia”. Y Merino, en la cuerda más baja de la sequedad amarga y del satánico desdén: “Que les aproveche… Yo me voy a mi casa… Cada cual a lo suyo”.»

Curiosamente estos casos suelen aparecer con pronombre: «Que te aproveche», «Que les aproveche», etc.
Para evitar que la otra persona piense que no ha sido invitada, a mí de pequeño me enseñaron una respuesta: «Gracias, si usted gusta…».

También puede ser que moleste si el «¡Que aproveche!» se utiliza de manera forzada con extraños o interrumpiendo una conversación, pero creo, y esta es mi opinión, que en ningún caso un buen deseo se debe tomar a mal. Es verdad, y en esto entiendo a Paula, que puede ser un poco pesado que te lo estén diciendo todo el rato.

Lo de que se vea como algo paleto o de clase baja, como algunos comentan, podría ser otro motivo para defender el «antiqueaprovechismo», pero considero que tanto a ricos como a pobres no nos viene mal que nos deseen que la comida nos sea de provecho y que no nos indigeste.

En cualquier caso, por el motivo que sea, no es extraño que una expresión de cortesía se tome a mal, sea por esnobismo (con e delante) o por lo que sea. No es la primera vez que pasa en español. Por ejemplo, pasó en su momento con el vos, que aunque empezó siendo una forma de respeto hacia los nobles en la Edad Media, luego pasó a usarse para trato indiferenciado y al final fue desvalorizado, como dice Lapesa, por «la puntillosidad de nuestros antepasados», y empezó a considerarse descortés si se usaba con gente no inferior. Por eso se empezó a usar vuestra merced, que acabó evolucionando en nuestro usted (vuesa merced > vuesarced > vusted > usted).
De hecho, ahora está pasando lo mismo con usted. Hay veces que cuando a alguien se le trata de usted se enfada, bien porque considera que estamos creando distanciamiento o bien porque siente que le estamos considerando viejo. Seguimos siendo igual de puntillosos.

En definitiva, lingüísticamente hablando, no hay ningún motivo para ser «antiqueaprovechista». Desde el punto de vista de la pragmática, el protocolo o la cortesía, sin ser un experto, considero que, bien usado, como todo, tampoco hay por qué rechazarlo.

Y para terminar, yo sí que me atrevo a desearte, Carmencita, que te aproveche esta entrada porque soy de los que usa, quizás demasiado, pero siempre con buena intención, el «¡Que aproveche!». A los demás os agradezco enormemente vuestros comentarios y me encantará saber vuestras opiniones al respecto.

Un abrazo para todos.

El Académico