Toma Gerona, pastillas de goma

Pregunta

Hola, Carmencita:

Ya echaba de menos tus preguntas. Nuevamente sacas a colación un tema algo polémico, como es el de los topónimos o nombres de lugar en zonas con lenguas cooficiales en España.

La respuesta rápida es que si estás hablando en castellano puedes usar perfectamente Gerona, de la misma forma que usas Londres.

Ante este tema la nueva Ortografía de la RAE dice que siempre que haya dos formas posibles hay que usar la de la lengua en la que estemos hablando. Es decir, que si tenemos Gerona y Girona y estamos hablando en castellano lo recomendable es decir Gerona. Sería raro usar la forma de otra lengua teniendo la posibilidad de decirlo en castellano. Es lo mismo que en el caso de topónimos extranjeros, donde usamos un nombre adaptado a nuestra propia lengua (o exónimo), como cuando decimos Londres en vez de London. Gracias a esto podemos evitar caer en errores de pronunciación. Los hablantes de castellano que no son hablantes de catalán no estarán familiarizados, por ejemplo, con el sonido de la g de Girona (fricativo posalveolar sonoro, similar a como pronunciamos la y en adyacente) y podrían pronunciarla como una ll o y del castellano. Otro error típico por pronunciar un nombre no castellano es, por ejemplo, llamar [jiúston] a la calle Houston de Nueva York igual que como llamamos a la ciudad de Tejas/Texas (pronunciado siempre [téjas] no [téksas]), en vez de [jáuston], que es como en verdad se dice.

En cualquier caso, no es demasiado coherente que alguien se enfade por que usemos Gerona en vez de Girona, igual que no lo es que un inglés que nos oiga hablar en castellano se enfade por que digamos Londres en vez de London. Pero, como siempre recomiendo, si estáis hablando con alguien a quien le pueda ofender, no cuesta nada decir Girona, tratando incluso de esforzarnos en pronunciar la g como la y de adyacente. Yo he vivido correcciones por ambos lados, me han corregido por decir Gerona y me han corregido por decir Girona, así que estoy curado de espanto. También es recomendable, por cierto, decir [miámi] y no [maiámi], siguiendo la pronunciacióin original de la tribu algonquina de los miamis y no la de los ingleses.

En conclusión, cuando hablemos en castellano, es recomendable decir Gerona igual que decimos Londres.

Pero, ¡ojo al parche!, como bien se explica en este artículo, en el caso de los textos oficiales se debe usar el nombre oficial, que es Girona a partir de la resolución del BOE de 1992, resolución por la que entre otras cosas pasamos a ser testigos del cambio de GE por GI en las matrículas de los coches. En relación con esto, es curioso que de acuerdo con la regla de la oficialidad en los textos oficiales habría que escribir, por ejemplo, Comunitat Valenciana o Illes Balears. En la página 74 de este pdf tenéis un mapita con todos los nombres oficiales. Eso sí, yo supongo que en los textos oficiales habrá que decir Londres cuando estemos hablando en castellano y no London. Menos mal que en los últimos años la RAE está tratando de “facilitarnos” el uso de topónimos a base de adaptar la forma de estos a nuestra normas ortográficas. De ahí lo de Catar en vez de Qatar, por ejemplo.

Así que, Carmencita, puedes usar Gerona con toda tranquilidad y si alguien se ofende puedes explicarle lo dicho aquí o cambiar a Girona para evitar discusiones. Si quieres discutir, puedes decir: «Toma Gerona, pastillas de goma».

Feliz año, igualmente.

Un saludo.

El «Académico»

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Respuesta a Sigo sin aclararme… Parte II del LAÍSMO, LOÍSMO y LEÍSMO

Pregunta

Hola, Carmencita:

Como ya te dije, es normal que no te aclares. Y has hecho lo mejor que se puede hacer en estos casos: preguntar. Porque yo me puedo currar mucho las respuestas, pero no sirve de nada si no se entienden.

En este caso has dado en el clavo, demostrando tu sagacidad gramatical ;). Los verbos preguntar y pegar son una excepción en español. Pero no hay excepción que el Académico no pueda explicar. Vamos con estos verbos primero y luego abordamos las otras preguntas que planteas.

El verbo preguntar tiene la peculiaridad de que aunque la persona a la que se le pregunta es el complemento indirecto, al pasar a pasiva la persona puede pasar a sujeto. Esto significa que, aunque hay que decir Le pregunté a Carmencita por su padre y no *La pregunté a Carmencita por su padre, se puede decir Carmencita fue preguntada por su padre. Esto no pasa con otros verbos. Por ejemplo, con hablar, es Le hablé a Carmencita de mi novela y no *La hablé a Carmencita de mi novela y, consecuentemente, no se puede decir *Carmencita fue hablada de mi novela. ¿Qué está pasando? ¿Por qué con preguntar sí se puede?

En la Gramática de la RAE y en el DPD se dan algunas posibles razones. Por un lado, se dice que esta construcción pasiva es usual en textos periodísticos y judiciales. El DPD dice que es un resto del latín, lengua en la que tanto el complemento directo de cosa como el de persona del verbo correspondiente a preguntar (rogo o interrogo: aliquem rogare sententiam) estaban en acusativo (el correspondiente al complemento directo) y, por tanto, ambos podían pasar a sujeto de pasiva. Es lo que mencioné en la entrada anterior como el doble acusativo. En la Gramática se dice que también puede deberse a la influencia del verbo inglés ask (He was asked) o a que preguntar se utiliza aquí como interrogar. Lo de ask se fundamenta en que en el español de Estados Unidos se llegan a calcar pasivas del inglés como Los estudiantes fueron dados varias oportunidades. Sobre lo del verbo interrogar, es verdad que el verbo preguntar no se usa igual cuando se pone en pasiva. Por ejemplo, Le pregunté a Carmencita su nombre no puede pasar a *Carmencita fue preguntada su nombre o Le pregunté a Carmencita por su apellido no puede pasar tan claramante a *Carmencita fue preguntada por su apellido. A mí no me suenan del todo bien. En estos casos preguntar no tiene el significado de ‘interrogar’. En cambio, en Le preguntaron a Carmencita por la corrupción de los políticos, a mí me suena mejor la pasiva (Carmencita fue preguntada por la corrupción de los políticos), y en este caso preguntar sí parece tener un significado más parecido a interrogar. El verbo interrogar sería regular en el hecho de que se construye con la (A Carmencita la interrogaron, no *le interrogaron) y el complemento puede pasar a sujeto de pasiva (Carmencita fue interrogada).

Por tanto, aunque se puede tener en pasiva Carmencita fue preguntada, hay que decir Le pregunté a Carmencita y no *La pregunté a Carmencita, porque misteriosamente, en español el verbo preguntar en pasiva puede tener el significado de interrogar.

Ojo, eso sí, en caso de que preguntemos algo, lo preguntamos. Ahí sí. Si le preguntamos algo a alguien se lo preguntamos, no *se le preguntamos.

Y lo mismo pasa con pegar. En este caso, se debe decir A Carmencita le pegué, pero es verdad que también en este caso se puede pasar a pasiva: Carmencita fue pegada por mí. Aquí puede haber influencia de golpear con el que se dice A Carmencita la golpeé y Carmencita fue golpeada. También puede deberse a la influencia del verbo strike en inglés.

El otro verbo que es excepción como preguntar y pegar es disparar. Yo siempre diría A Carmencita le dispararon en el parque, no *La dispararon, pero puedo decir Carmencita fue disparada en el parque. En este caso también puede haber influencia del inglés; sería un calco de to be shot (down).

Parece que todas estas pasivas, a fuerza de haberlas leído y oído muchas veces, se nos han quedado grabadas. Es parecido a lo de Goebbels de que, si una mentira se repite muchas veces, acaba por convertirse en verdad. Si una frase incorrecta se repite muchas veces, acaba sonando bien. Por eso, no está mal repetirse las frases que están bien para conseguir el efecto contrario: aunque una frase correcta nos suene mal, a fuerza de repetirla, nos acabará sonando bien. Así que repitamos: Le dije una cosa a Carmencita, Le dije una cosa a Carmencita o Le escribí a Carmencita, Le escribí a Carmencita. En este último caso, por el que preguntabas, es Le escribí porque, aunque no se diga lo que escribimos (un mensaje por ejemplo), está claro que no es Carmencita lo que se escribe, Carmencita no es escrita por alguien, a no ser que Carmencita sea el título de una novela y entonces sí sería La escribí. Mérimée (escritor de la novela en la que se basa la ópera de Carmen), si siguiera vivo, diría de Carmen que la escribió en 1845.

En el caso de escribir, por la pasiva podemos saber que a Carmencita es complemento indirecto porque no puede pasar a sujeto de pasiva. En teoría no se puede decir Carmencita fue escrita por mí. Aunque yo he de decir que no me suena del todo mal. Quizás está pasando como con preguntar o pegar. Pero claro, aquí el significado no sería que Carmencita es lo escrito, sino que Carmencita es algo así como lo contactado a través de un mensaje textual. Nuevamente tenemos un verbo en pasiva con significado especial.

El hecho de que un complemento no pueda pasar a sujeto de pasiva como pasa en escribir puede indicar que dicho complemento no es directo, pero hay verbos como tener en los que la pasiva suena rara y aun así el complemento es directo. Por ejemplo, aunque un libro es el complemento directo en Tengo un libro, suena raro decir Un libro es tenido por mí. Esto pasa con verbos que no indican una acción. Pero si usamos tener con un significado en el que sí indica una acción, como en tener una conversación, la pasiva mejora: Carmencita y yo tuvimos una conversación puede pasar a Una conversación fue tenida por Carmencita y por mí.

Lo del leísmo madrileño es como lo he llamado yo siempre, supongo que porque lo vi en algún sitio (en la Wikipedia, en cambio, lo llaman leísmo castellano septentrional), pero en verdad se puede llamar simplemente leísmo de persona en masculino. Ya vimos que no solo se da en Madrid, sino en muchos sitios de España. Lo de que solo esté aceptado en singular a mí también me chocó en su día cuando lo leí. Y es porque yo soy leísta y “lesista”. Por cierto, dile a tu amiga Lala que, como se descuide, le cambian el nombre por Lele.

Lo de li y lu es difícil de digerir, lo sé, sobre todo lo de lu. Estos asturianos están locos. La digestión se te haría aún más pesada si te dijera que los asturianos además tienen neutro de materia también en sustantivos. Esto quiere decir que usan pelu para referirse a un pelo, pero usan pelo para referirse al pelo en conjunto. También conservan la mítica preposición so (so la cama), que nosotros solo conservamos en expresiones como so pretexto de o so pena de.

Y yo creo que con esto podemos empezar con los deberes. Voy a poner unas cuantas frases con algo de complicación que fui apuntando ayer mientras leía La tabla de Flandes de Arturo Pérez-Reverte. Vuestra misión es pensar qué pronombre usaríais (la, lo o le) y por qué. Para que a nadie se le atragante, luego pongo la solución y alguna forma como se podría haber sacado, usando los trucos de la entrada anterior o el diccionario. Para que sean útiles estos ejercicios, os recomiendo que intentéis pensar un poco antes lo que haríais vosotros y luego ya pasáis a las soluciones. Y, por supuesto, apuntad las dudas por si hace falta otra entrada.

 Ejercicios

1. A Julia el humo del tabaco al penetrar en sus pulmones la/le reconciliaba consigo misma, la/le concedía pequeñas dosis de indiferencia.

2. Al profesor Julia lo/le miraba sin ocultar su sorpresa.

3. Julia apagó el cigarrilo aplastándolo/le en el cenicero.

4. A Julia la/le acompañó hasta el aparcamiento y la/le entregó la carpeta con las fotocopias y después se la/le quedó mirando.

5. Él la/le deslizó a Julia un rápido beso en la boca.

Ejercicios para nota:

6. A Julia la/le desconcertaba el papel que el ajedrez jugaba en todo aquello.

7. Álvaro se removió en el sofá como si de pronto lo/le hubiera asaltado alguna duda, como si una idea lo/le diera vueltas en la cabeza.

8. A Julia aquello la/le hizo sentirse más tranquila.

Espero que las frases no os líen mucho. Prometedme que si os siguen quedando dudas, me preguntaréis. ¡Ánimo!

Un abrazo.

El Académico

 

 

Soluciones:

 

1. A Julia el humo del tabaco al penetrar en sus pulmones la/le reconciliaba consigo misma, la/le concedía pequeñas dosis de indiferencia.

En el primer caso es la reconciliaba porque es complemento directo. Esto se puede saber pasando a pasiva (Julia fue reconciliada consigo misma por el humo del tabaco). Otro truco es buscar reconciliar en el diccionario. Veremos que en la primera acepción, que es la que tiene el verbo en este caso, pone tr. Esto significa que el verbo es transitivo y que, por tanto, tiene complemento directo. En el humo reconciliaba a Julia consigo misma solo a Julia podría ser ese complemento directo.

En el segundo caso sería le concedía porque a Julia es el complemento indirecto. Se puede saber porque Julia no podría ser el sujeto en la pasiva: *Julia era concedida pequeñas dosis de indiferencia. Sería Pequeñas dosis de indiferencia eran concedidas, por lo que pequeñas dosis de indiferencia es el complemento directo. Aquí vemos un caso de «verbo+algo+a alguien» (conceder algo a alguien), donde el a alguien es el complemento indirecto. Es como dar o como regalar.

2. Al profesor Julia lo/le miraba sin ocultar su sorpresa.

Aquí pueden usarse los dos. En principio, habría que decir lo porque es el complemento directo, como se puede ver al pasarla a pasiva (El profesor fue mirado por Julia), pero, como sabemos, el leísmo de persona en masculino singular, es decir, el uso de le para complemento directo referido a persona masculina singular está aceptado.

3. Julia apagó el cigarrillo aplastándolo/le en el cenicero.

Aquí sería lo porque el cigarrillo es el complemento directo de aplastar. Se puede ver haciendo la pasiva: El cigarrillo fue aplastado en el cenicero. También se puede ver en que diríamos Aplastó el cigarrillo y no *Aplastó al cigarrillo, con la preposición a. Sabemos que si puede aparecer sin a es que es el complemento directo. En este caso no se acepta le porque es un complemento directo de cosa y el leísmo de cosa no está aceptado.

4. A Julia la/le acompañó hasta el aparcamiento y la/le entregó la carpeta con las fotocopias y después se la/le quedó mirando.

En el primer caso es la porque a Julia es el complemento directo. Esto se puede ver pasándolo a pasiva: Julia fue acompañada hasta el aparcamiento.

En el segundo caso es le. Entregar es de los verbos tipo «verbo+algo+a alguien» como dar, decir o conceder. No se puede decir *Julia fue entregada la carpeta con las fotocopias.

En el tercer caso sería la porque, aunque aparece antes de quedó, es el complemento directo de mirando. Sería Se quedó mirándola. Con mirar, a Julia es el complemento directo, como se puede ver pasándola a pasiva: Julia fue mirada por Álvaro.

5. Él la/le deslizó a Julia un rápido beso en la boca.

Aquí sería le porque a Julia es complemento indirecto. Si pasamos a pasiva sería un rápido beso en la boca fue deslizado a Julia y no *Julia fue deslizada un rápido beso. Este es otro caso de los de «verbo+algo+a alguien», donde el a alguien es complemento indirecto.

Ejercicios para nota:

6. A Julia la/le desconcertaba el papel que el ajedrez jugaba en todo aquello.

Este caso es algo complicadillo. Y, como en otros casos complicados, valen los dos. Con verbos de este tipo (se llaman de afección psíquica), como preocupar o molestar, en general, si el sujeto es inanimado, el complemento es indirecto y si el sujeto es animado el complemento sería directo. Ya vimos el verbo asustar: Juan asustó a Carmencita pasa a Juan la asustó, pero La noticia asustó a Carmencita pasa a La noticia le asustó. Depende de la intencionalidad del sujeto. En el ejemplo de desconcertar, como el sujeto es el papel que jugaba el ajedrez en todo aquello, es decir, un sujeto aparentemente inanimado, en teoría a Julia debería ser el complemento indirecto y, por tanto, habría que usar le. Reverte usa la, quizás porque el ajedrez está teniendo un papel activo en desconcertar a Julia. Lo mejor en estos casos es acudir al DPD buscando en este caso desconcertar, que nos enviará al apartado correspondiente del leísmo. De verdad, que, aunque cueste, una de las mejores formas de aprender es buscar en los diccionarios sin pereza y sin sentirse culpables de tener que mirar una palabra más de una vez.

7. Álvaro se removió en el sofá como si de pronto lo/le hubiera asaltado alguna duda, como si una idea lo/le diera vueltas en la cabeza.

En el primer caso valdrían los dos porque es un nuevo caso de complemento directo de persona en masculino singular. Se puede ver que es complemento directo porque se puede pasar a pasiva: Álvaro fue asaltado por una duda.

En el segundo caso sería le porque es el complemento indirecto. No se puede pasar a pasiva. No se puede decir *Álvaro es dado vueltas en la cabeza por una idea. Tenemos un caso de «verbo+algo+alguien» (dar vueltas a alguien). Si fuera una chica también sería le: A Carmencita le da vueltas una idea en la cabeza.

Con este tipo de casos hay una complicación y es que hay verbos que forman locución con su complemento directo de tal manera que el complemento indirecto pasa a complemento directo. Por ejemplo, en Juan hizo añicos la jarra, aunque añicos sería el complemento directo, hacer añicos se interpreta como un solo verbo, como destrozar y la jarra es el complemento directo: La hizo añicos. Pero esto ya es para nota

8. A Julia aquello la/le hizo sentirse más tranquila.

Este caso es más complicado. Con un verbo como hacer en construcciones que significan obligar se suele usar la si el verbo que sigue es intransitivo y le si el verbo que sigue es transitivo. Aquí, como sentirse es intransitivo (no tiene complemento directo), sería la, pero yo aquí aceptaría las dos. Esto se puede saber mirando en el DPD , lo que te lleva al apartado correspondiente del leísmo.

Aquí los trucos serían un poco difíciles de aplicar, incluso el de la pasiva. Sonaría raro Julia fue hecha sentirse más tranquila.

Respuesta a La, le, li, lo, lu… ¡No-me-aclaro!

Pregunta

Hola, Carmencita:

Sí, este es un tema que todo el mundo quiere evitar, tanto el que pregunta como el que responde, porque es complicado. Voy a intentar explicarlo de una manera clara y para ello te voy a dar cinco trucos, a ver si te ayudan. Como siempre, si a ti o a cualquiera le surge cualquier duda, preguntad. Para los que no tengan mucho tiempo (la entrada es larga), hay un resumen al final.

Antes de empezar con los cinco trucos, creo que es interesante explicar brevemente algunas cuestiones relacionadas con el problema del laísmo, loísmo y leísmo, es decir del uso de los pronombres personales la, lo y le donde no se debe. Vas a ver que es un lío, Carmencita, y que es normal que no te aclares, como dices en el título de la entrada, pero voy a hacer todo lo posible por simplificar. El que se sepa la teoría que salte directamente a los cinco trucos (como veis, ofrezco atajos como Ikea).

En español, entre otros complementos, tenemos el directo y el indirecto. La teoría es que el complemento directo se sustituye por la o lo, según si es masculino o femenino (o las y los en plural), y el complemento indirecto se sustituye por le (o les). Un primer problema es que en muchos casos no está claro si el complemento es directo o indirecto, como en Pegué a Carmencita. ¿Aquí sería Le pegué o La pegué? En este caso la RAE dice que sería Le pegué. El problema es que en casos como este no está claro el significado de estos complementos. En teoría el complemento directo introduce una entidad directamente afectada y el indirecto una entidad indirectamente afectada, pero en pegar a alguien el complemento se ve claramente afectado. En cambio, en otro caso como mirar el paisaje, por ejemplo, donde el paisaje es complemento directo, el paisaje no está afectado tan claramente, aunque, claro, el paisaje no deja de ser lo que directamente recibe la acción de ver: es lo visto. Un lío, vamos. Para liar más la cosa, el complemento directo procede del acusativo en latín, pero en latín había construcciones de doble acusativo, es decir, construcciones que tenían algo así como dos complementos directos. Y encima en español tenemos complementos directos que se construyen con la preposición a, igual que los indirectos. Y luego hay un leísmo aceptado, pero otro no, y el laísmo y el loísmo y… ¡uf! Con todo esto creo que se ve de sobra el lío que hay montado. Lo importante es no desesperarse. Para evitar futuras equivocaciones espero que os ayuden estos cinco truquitos:

1. El terrible pero útil truco de la pasiva 2. El truco del a alguien en «verbo+algo+a alguien» para complemento indirecto 3. El truco de ¿A quién le dije eso? pero no *¿A quién la vi? 4. El truco de Juan dijo algo a un papel 5. El truco del sustituido por se

Y también veremos:

El famoso leísmo de persona aceptado ¿Por qué decimos Se lo dio y no *Le lo dio? La serie completa: li y lu

Y muchas curiosidades más.

¡Empecemos!

1. El terrible pero útil truco de la pasiva

Lo primero es que, sintiéndolo mucho, hay que decir que el truco de la pasiva generalmente es el más útil. Es decir, para saber si el correspondiente a Juan vio a Carmencita es Juan la vio o Juan le vio, basta con ver si el primer ejemplo se puede poner en pasiva con el complemento en cuestión como sujeto. En este caso se puede decir Carmencita fue vista por Juan, lo que indica que a Carmencita en Juan vio a Carmencita es el complemento directo y, por tanto, el pronombre correspondiente sería la: Juan la vio. En cambio, en Juan dijo a Carmencita un secreto, la pasiva no sería *Carmencita fue dicha un secreto por Juan, sino Un secreto fue dicho a Carmencita por Juan, porque el complemento directo es un secreto y no a Carmencita. Por eso aquí sería Juan le dijo un secreto y no *Juan la dijo un secreto, a pesar de que el pronombre se está refiriendo a una chica. Es importante tener claro que le sustituye al femenino cuando es complemento indirecto; no porque sea una chica hay que usar la.

La pasiva puede ser útil para un caso como escribir. Con este verbo muchos tendemos a decir Le he escrito un whatsapp a Carmencita con le pero A Carmencita la he escrito con la. ¿Está bien esto último? Con la pasiva lo podemos saber. Si pasamos este último ejemplo a pasiva, es decir, si decimos Carmencita ha sido escrita por mí, suena raro. Esto demuestra que a Carmencita es el complemento indirecto. Por tanto, debemos decir A Carmencita le he escrito.

Pero estoy de acuerdo en que lo de la pasiva puede ser un poco lioso. Aquí van otros trucos, a ver si os parecen más fáciles de aplicar.

2. El truco del a alguien en «verbo+algo+a alguien» para complemento indirecto
Para mí este es el menos técnico, pero el más fácil y útil. Normalmente cuando tenemos la secuencia «verbo+algo+a alguien», ese a alguien se puede sustituir por le: Juan dijo algo a alguien ⇒ Juan le dijo algo. Lo mismo en casos como gustar algo a alguien o importar algo a alguien: Le gusta algo, Le importa algo. Con esto prevenimos el clásico *La dije una cosa, que es un caso de laísmo porque a quien le decimos algo es el complemento indirecto y, por tanto, estaríamos usando la en vez del correcto le: Le dije una cosa. Os recomiendo que os repitáis para vuestros adentros «Le dije una cosa, Le dije una cosa» o «Le dije que viniera, Le dije que viniera» y así se os quedará automático. El laísmo de casos como *La dije surgió en Castilla en el siglo XIV y, aunque algunos escritores famosos como Lope de Vega, Quevedo o Calderón de la Barca lo usaban, perdió prestigio y la RAE lo empezó a rechazar en el siglo XIX. Hoy aún se mantiene en algunos sitios como Burgos, Segovia, Ávila, Valladolid, Cantabria o Madrid. El loísmo, por su parte, que sería decir Lo dije a Juan que viniera ha sido rechazado por la RAE desde la primera gramática en 1771Primera_garmatica (páginas 288 y 289 del pdf) y es poco habitual.

Hay algunas excepciones al truco anterior como llamar algo a alguien donde, aunque a alguien podría ser complemento indirecto, se recomienda tratarlo como complemento directo. Así, en un caso como Juan llamó Carmencita a su hija se prefiere Juan la llamó Carmencita a Juan le llamó Carmencita.

Hay otros casos en los que la cosa se pone complicada como en El viento enloqueció a Carmencita. ¿Ahí sería El viento la enloqueció o El viento le enloqueció? En este tipo de casos muchas veces la RAE acepta las dos, porque el complemento puede considerarse indirecto o directo. (Veremos luego que un ejemplo de este tipo con masculino como A Juan le enloqueció el viento, que a algunos os sonará bien, es un caso de leísmo de persona aceptado). También con un verbo como asustar, pueden tenerse las dos, Juan asustó a CarmencitaJuan la asustó o Juan le asustó, con una pequeña diferencia de significado. Pero esto ya es para nota. En todos estos casos, en los que yo también dudo a veces, recomiendo visitar el DPD y buscar directamente el verbo en cuestión. Si se pone, por ejemplo, enloquecer, en el buscador te sale la explicación.

3. El truco de ¿A quién le dije eso? pero no *¿A quién la vi?

Vamos con otro truco, y que nadie se asuste que luego resumo todo. Este puede ser un poco más difícil de aplicar. Una diferencia entre el complemento directo y el indirecto es que cuando aparecen en preguntas el complemento directo no puede aparecer a la vez como a quién y como pronombre lo, la (lo que se llama reduplicación), pero el complemento indirecto sí. Así, para un caso como Vieron a Carmencita habría que preguntar ¿A quién vieron? y no *¿A quién la vieron?, pero en un caso como Le dijeron a Carmencita eso la pregunta sería ¿A quién dijeron eso?, pero también se podría tener ¿A quién le dijeron eso? con a quién y con pronombre le. Esto quiere decir que a quién es el complemento indirecto en este último caso. Así que si tenemos un ejemplo como Vieron el tatuaje a la chica y queremos saber si es Le vieron el tatuaje o La vieron el tatuaje podríamos preguntar ¿A quién vieron el tatuaje?, pero como también se podría tener el pronombre, ¿A quién le vieron el tatuaje?, diríamos que es complemento indirecto y, por tanto, el pronombre sería le: Le vieron el tatuaje. Recordad que *¿A quién la vieron? estaba mal y ahí no se podía meter el pronombre porque ahí sí que era complemento directo y por eso había que decir A Carmencita la vi, pero A Carmencita le vi el tatuaje. ¿Se ve la diferencia?

4. El truco de Juan dijo algo a un papel

Otro truco. Cuando queramos saber si algo es un complemento indirecto, lo mejor es sustituirlo por una entidad que no sea una persona, aunque la frase suene rara, y si conserva la preposición a es que será un complemento indirecto. Así en el caso de Juan dijo algo a Carmencita, para saber si a Carmencita es complemento indirecto sustituimos Carmencita por ejemplo por un papel y tendríamos Juan dijo algo a un papel y no *Juan dijo algo un papel. Eso quiere decir que a Carmencita es el complemento indirecto y habría que decir, por tanto, Le dijo algo. En cambio, en Juan vio a Carmencita, si sustituimos a Carmencita por un papel, tendríamos Juan vio un papel, sin preposición a, por lo que ahí a Carmencita es complemento directo y diríamos Juan la vio. En los casos en los que se tenga un complemento sin preposición como el de Juan vio un papel el complemento es siempre directo y, por tanto, es Juan lo vio. Dicho de otra manera, el complemento indirecto siempre lleva a, por lo que un complemento como un papel, sin preposición, nunca será indirecto y nunca se podrá sustituir por le. Así si tenemos Tráeme el libro habría que decir Tráemelo. *Tráemele sería un caso de leísmo de cosa, rechazado por la RAE.

El famoso leísmo de persona aceptado

Y por fin llegamos al conocido leísmo aceptado, o leísmo madrileño, como a veces se llama. Es el uso de le para sustituir a complementos directos de persona masculina y solo en singular. Vi a Juan ⇒ Le vi. Se acepta este leísmo porque está muy extendido. De hecho, hasta 1796 fue la forma recomendada por la RAE (ahora se acepta, pero la recomendada es lo). Autores como Quevedo, 250px-Quevedo_(copia_de_Velázquez)Cervantes, Galdós o Juan Ramón Jiménez eran leístas de este tipo. Y escritores contemporáneos también; por eso este leísmo sí que se acepta. Parece que nació en Castilla y se extendió por casi toda España, menos por Andalucía y Aragón, que según Lapesa son «mejores guardianes de la distinción etimológica entre le, dativo, y lo, la, acusativo». Como he dicho este leísmo solo es válido para masculino singular. Esto quiere decir que no se acepta —ojo con esto— el leísmo de plural. En Vi a los niños, sería Los vi y no Les vi, aunque es algo que está muy extendido en la lengua oral. Yo, por ejemplo, diría Les vi. Todas estas cosas las podéis leer en los apartados §16.8h-k de la Nueva Gramática de la RAE. Poned en el buscador 16.8 y le dais a la camarita y vais pasando páginas.

Y esto nos lleva, Carmencita, a tu pregunta sobre lo que dije refiriéndome a Excálibur de que «a saber cómo le llamaban sus dueños». Ahí usé el le porque, aunque, como he dicho antes, con llamar se prefiere tratar el complemento como directo, estaba personalizando al perro, cosa que mucha gente suele hacer con animales domésticos. Así, si alguien pregunta «¿Has visto a mi perro Pencho?», yo, y muchos, contestaríamos «Sí, le he visto por el parque». Pero si alguien preguntara «¿Has visto a mi perra Bimba?», diríamos «Sí, la he visto», porque el leísmo de persona, como ya sabemos, es solo para masculino. A este respecto, creo que hay o había leísmo femenino (*A María le he visto) en zonas de influencia vasca.

5. El truco del sustituido por se

Otro truco para cuando haya dos complementos, como en Dio un libro a Carmencita, es que si sustuimos los dos complementos por pronombre, el sustituido por se es el complemento indirecto. En este caso sería Se lo dio y no *Se la dio, lo que indica que el complemento directo es masculino porque está sustituido por lo, y, por tanto, es un libro. Esto quiere decir que el se sustituye a a Carmencita y, por tanto, a Carmencita es el complemento indirecto y se diría Le di el libro a Carmencita y no *La di el libro a Carmencita.

¿Por qué decimos Se lo dio y no *Le lo dio?

Al hilo de esto, es bonita la explicación de que digamos se lo dio y no *le lo dio. En latín esta secuencia era illis illud. Esto dio en español algo como gelo (a partir de algo como elielo, como el glielo del italiano), donde la g se pronunciaba como la s en inglés en una palabra como vision, y acabó pasando al actual se lo.

La serie completa: li y lu

Y ya terminando, como veo que en el título de la entrada mencionas li y lu, Carmencita, te diré, para liar más la cosa y para tu desconsuelo que también existen li y lu. En primer lugar, li, aparte de ser el apellido que más gente tiene en el mundo, como dice Sheldon Cooper (ver el vídeo de abajo), en español antiguo existió hasta el siglo XIV en autores como Berceo usado a veces en vez de le. Aparte existe en italiano y catalán, por ejemplo.

Pero más curioso aún es que en el español de algunas zonas de Asturias y de Cantabria, tienen actualmente el pronombre lu además de lo en el complemento directo. Usan lu para sustantivos contables, como libro, pero lo para nombres no contables o de masa como trigo, incluso si son femeninos como agua. Así que si allí alguien ve un libro, lu ve, pero si ve trigo o agua, lo ve.

Y yo creo que con esto basta, Carmencita, que no ha sido poco. Supongo que te habrán surgido muchas dudas. La complicación del asunto hace que sea normal que la gente se líe y que sea difícil de explicar (y eso que me he saltado cosas, como lo de que para en casos como Juan trajo un regalo para Carmencita no introduce complementos indirectos, o posibles motivos del nacimiento del leísmo, el el leísmo de cortesía, o el uso de le como complemento directo en oraciones impersonales incluso en hablantes no leístas, como en Se les ve contentos, cuestiones que si alguien quiere luego puedo explicar en comentario). Por cierto, como esta es una entrada de blog que se puede modificar, agradecería que la gente comente y diga qué partes no se entienden bien para así entre todos poder hacer una entrada lo más simple y completa posible.

A continuación, para terminar, hago un resumen de lo más importante:

  • La regla general es que la y lo sustituyen al complemento directo y le al indirecto.
  • Para saber si un complemento es directo y se sustituye por lo, la o indirecto y se sustituye por le hemos visto cinco trucos:
    1. El truco de la pasiva. Solo el complemento directo puede pasar a sujeto de pasiva: Vi a Carmencita Carmencita fue vista por mí. La pasiva de Juan le dio un regalo a Carmencita no es *Carmencita fue dada un regalo por Juan, porque Carmencita es un complemento indirecto. La pasiva es Un regalo fue dado a Carmencita por Juan, porque un regalo es el complemento directo. Por tanto, en el primer caso a Carmencita es el complemento directo y en el segundo es el complemento indirecto y por eso se dice A Carmencita la vi, pero A Carmencita le dio un regalo Juan.
    2. El truco de «verbo+algo+a alguien». En estos casos a alguien suele ser el complemento indirecto. Así, en dar algo a alguien o gustar algo a alguien el a alguien es el sujeto y se diría Le dio un regalo a Carmencita y A Carmencita le gusta la pizza.
    3. El truco de la reduplicación en preguntas («a quién+le», pero no «a quién+la»). Solo el complemento indirecto la admite. Se puede tener ¿A quién le dio un regalo? pero no *¿A quién la vi?
    4. El truco de Juan dijo algo a un papel (aunque suene raro). Si se pierde la preposición a, es complemento directo. Si sigue con preposición a, será complemento indirecto. Juan vio el papel y no *Juan vio al papel, pero Juan dio un regalo al papel y no *Juan dio un regalo el papel.
    5. El truco del se. El complemento que sustituido por se es el complemento indirecto. Juan dio un regalo a Carmencita pasaría a Juan se lo dio y no a Juan se la dio. Como el lo sustituye a un regalo, el se sustituye a a Carmencita, por lo que es el complemento indirecto y se sustituye por le: Le dio un regalo a Carmencita.
  • Aplicando estos trucos sabremos que se debe decir:
    • Le dije una cosa a Carmencita y no *La dije una cosa a Carmencita;
    • Le di un regalo y no *La di un regalo;
    • Le pedí un euro y no *La pedí un euro;
    • Le pregunté que a qué hora venía y no *La pregunté que a qué hora venía;
    • A Carmencita le gusta que vengas y no *A Carmencita la gusta que vengas, etc.

⇒Los ejemplos con asterisco son casos de laísmo, que no está aceptado.

  • Y también se debe decir:
    • ¿Ves el libro? Pues tráemelo y no *Pues tráemele;
    • El coche déjalo en el garaje y no *El coche déjale en el garaje.
      Los ejemplos con asterisco son casos de leísmo de cosa, que no está aceptado.
    • A Carmencita la saludé y no *A Carmencita le saludé.
      ⇒ El ejemplo con asterisco es un caso de leísmo femenino, que no está aceptado.
  • Y valen las dos opciones, a veces con un pequeño cambio de significado en casos como:
    • A Juan le vi ayer, aunque lo recomendado es A Juan lo vi ayer. ⇒El primero es un caso de leísmo de persona masculino singular, que está aceptado.
    • Le llamaron tonta, aunque lo recomendable es La llamaron tonta.
    • A tu madre siempre hay que obedecerle o A tu madre siempre hay que obedecerla;
    • A Carmencita no le molestes o A Carmencita no la molestes;
    • A mi hermana la invitaron a ir al cine o A mi hermana le invitaron a ir al cine, etc. ⇒Lo mejor en estos casos es consultar el DPD por si acaso.

Y con esto terminamos. Lo dicho: espero vuestras dudas, quejas, lamentos y contraejemplos. Si salen muchas cosas, se puede hacer otra entrada más práctica con todo lo que aportéis.

Un abrazo.

El Académico

Respuesta a El Principito

Pregunta

Hola, Carmencita:

Me alegra mucho que te lleguen preguntas. Eso demuestra que la gente se interesa por cuestiones lingüísticas, a veces, hay que decir que de una manera tan aguda que me veo en un aprieto para contestar. Por cierto, a mí también me pasa como a ti  y estoy empezando a ser «el Académico» para muchos.

Dicho esto, empecemos abordando la pregunta sobre los numerales que desde tan lejos nos llega, no sin antes, claro, mandar un saludo a Javi y darle las gracias por la pregunta.

Para los más perezosos o los más ocupados, la respuesta rápida a por qué se usan los números cardinales y no los ordinales a partir del décimo en nombres de reyes, papas o emperadores es porque a partir de este número los ordinales empiezan a ser más complicados, generalmente debido a que son compuestos y no muy usuales y también a que se confunden con numerales fraccionarios como doceavo.

Para los más curiosos y con tiempo, vamos con una explicación más completa. Lo primero es que los números cardinales son los que se refieren a los números normales, es decir, a los que indican el número de cosas o entidades: uno, dos, tres, veinte, etc. Los números ordinales, en cambio, son los que se refieren al lugar o puesto que ocupa una entidad en una serie: primero, segundo, tercero, vigésimo, etc.

¿Por qué se llaman así? Está claro que los ordinales se llaman así porque indican orden, pero el origen del nombre de los cardinales igual no está tan claro. La palabra cardinal viene del adjetivo latino cardinalis derivado de cardo, que significa ‘quicio’ o ‘gozne’, es decir, la parte de la puerta que, como en el caso de las bisagras, le sirve a la puerta de punto de apoyo y permite que gire (de ahí lo de sacar de quicio o desquiciar, por ejemplo). Se llaman así, pues, estos números porque son el punto de apoyo o elemento principal de la numeración, igual que los puntos cardinales (norte, sur, este y oeste) son el punto de apoyo de la orientación o los cardenales son el punto de apoyo de la Iglesia.

Pues bien, como en el caso de reyes, papas y otros altos cargos se está determinando el lugar que ocupan en una serie, lo normal es que se use un número ordinal, y así sucede, por ejemplo, en Juan Carlos primero o Isabel segunda. Pero, como bien dice Javi, a partir del décimo, en el que se pueden usar los dos (Alfonso décimo y Alfonso diez), se empieza a usar el número cardinal, como en Alfonso doce o Luis catorce. ¿A qué se debe esto? Esto se debe a que, a partir de décimo, los ordinales empiezan a ser elementos más complicados, porque son compuestos y poco usuales. Quizás vigésimo, por ejemplo, no sea muy complicado, pero si os pregunto por el ordinal de setenta o de ochocientos, quizás os veáis en apuros. En este caso son septuagésimo y octingentésimo, respectivamente (si alguien tiene curiosidad, aquí podéis encontrar otros). A esta complejidad se le suma el riesgo de confundir los ordinales con los fraccionarios (como doceavo), que es igual en algunos casos como cuarto, quinto, u octavo, pero en otros casos no. Por ejemplo, se podría decir erróneamente el onceavo piso, cuando en verdad el ordinal de once es o decimoprimero o undécimo, pero no onceavo. Este último solo sirve para expresar la parte de algo, como en la onceava parte de la tarta. También alguien podría decir que ha llegado el treceavo en una carrera, cuando lo correcto sería decir que ha llegado el decimotercero.

Creo que, en vista de este jaleo, ya se puede entender que los hablantes prefieran usar los cardinales en vez de los ordinales para los reyes y papas más allá del décimo para facilitar la cosa, y no solo en estos casos sino en otros muchos como en el siglo doce, el quince aniversario o su cincuenta cumpleaños. Hay casos en los incluso se utiliza el cardinal por el ordinal en los números anteriores al diez, como en la página dos, la fila tres o la planta siete.

Seguramente esto no ocurriría si en español los numerales ordinales fueran tan fáciles como en chino, por ejemplo, en donde creo que solo hay que añadir di (que significa ‘serie’) al número cardinal. Pero esto mejor que nos lo confirme Javi, porque yo no sé demasiado chino.

Habría más cosas interesantes que decir sobre los ordinales, por ejemplo, que se puede decir decimotercera o décima tercera, pero creo que podemos dejar estas cosas para otra entrada y pasar al siguiente tema: el FROILANISMO. De este tema sé poco, pero puedo dar mi humilde opinión. De acuerdo con la Constitución, tal como está ahora, no se puede ser froilanista sin ir contra la Constitución, aunque la verdad es que hacer esto está muy de moda ahora. Según el artículo 57.1 (lo he mirado), en la sucesión a la Corona, tiene preferencia entre hermanos el varón sobre la mujer. Por tanto, en la situación actual de España, Felipe tiene preferencia sobre Elena, a pesar de que esta sea mayor. Solo si no hay varón, la mujer sería la sucesora. Por eso, la sucesora de Felipe puede ser su hija mayor, doña Leonor, que es la actual princesa de Asturias. Así pues, solo si el rey Felipe no tuviera ni hijos ni hijas, Froilán podría ser rey, según están las cosas ahora. En el caso de que ahora se suprimiera la parte que se refiere a la preferencia de varón sobre mujer, como Felipe VI ya es el rey, el sucesor seguiría saliendo de entre sus hijos igualmente y seguiría siendo Leonor la sucesora. Es importante indicar que actualmente no es que haya prohibición de que la mujer llegue al trono, como ocurría con la Ley Sálica promulgada por Clodoveo I, sino que hay lo que creo que se llama preterición, es decir, que no se tiene en cuenta a la mujer si hay varón. Los froilanistas estarían de enhorabuena si conserváramos el Reglamento de Sucesión de 1713 promulgado por Felipe V en el que si solo hay hijas y hay sobrino varón, este sería el sucesor. Pero hay que tener cuidado porque esto fue el origen de las guerras carlistas, después de que Fernando VII publicara la Pragmática Sanción, volviendo al derecho sucesorio de las Partidas de Alfonso X en el que las hijas tenían derecho sobre los sobrinos varones. Espero vuestras réplicas, froilanistas.

Y ya por último, sobre apodos se podría escribir un libro. Yo me limitaré a decir mi favorito y alguna cosa más de otros y os animo a los demás a que digáis los vuestros. Pero antes creo que es importante aclarar que la forma de escribir los apodos (o sobrenombres, como los llama la Ortografía de la RAE) es con el artículo en minúscula y el apodo en mayúscula, sin necesidad de comillas: Alfonso X el Sabio.  

Ahora, en cuanto a mi sobrenombre favorito de rey dentro de España a mí siempre me ha encantado, no sé por qué, el de Martín I el Humano, que fue entre otras cosas rey de Aragón y conde de Barcelona y cuyo sepulcro en el monasterio de Poblet pude visitar gracias a mi amigo Diego. Se llamó así porque era muy religioso, afable y humanitario. También es curioso el sobrenombre de el Rey Planeta para Felipe IV, que creo que es comparable al de el Rey Sol de Luis XIV porque en su época el Sol era considerado el cuarto planeta. Otra curiosidad, hablando de reyes, es, para los que os guste el fútbol, que, si os fijáis en el escudo del Sevilla, el del centro es Fernando III el Santo.

De reyes de fuera de España, si se me permite añadirlos, mi favorito sin duda es Pipino el Breve, padre de Carlomagno, llamado así por su corta estatura. También es curioso el de María Tudor, la Sanguinaria, de donde se sacó el nombre del famoso Bloody Mary.

Y esto es todo. Como decías, Carmencita, esta es una entrada completita. Espero como siempre los comentarios, dudas y aclaraciones de todos; sobre todo en esta entrada, que tiene miga.

Un abrazo.

El Académico