Semana 3 de #gramatuits de 2016

Respuesta a El Principito

Pregunta

Hola, Carmencita:

Me alegra mucho que te lleguen preguntas. Eso demuestra que la gente se interesa por cuestiones lingüísticas, a veces, hay que decir que de una manera tan aguda que me veo en un aprieto para contestar. Por cierto, a mí también me pasa como a ti  y estoy empezando a ser «el Académico» para muchos.

Dicho esto, empecemos abordando la pregunta sobre los numerales que desde tan lejos nos llega, no sin antes, claro, mandar un saludo a Javi y darle las gracias por la pregunta.

Para los más perezosos o los más ocupados, la respuesta rápida a por qué se usan los números cardinales y no los ordinales a partir del décimo en nombres de reyes, papas o emperadores es porque a partir de este número los ordinales empiezan a ser más complicados, generalmente debido a que son compuestos y no muy usuales y también a que se confunden con numerales fraccionarios como doceavo.

Para los más curiosos y con tiempo, vamos con una explicación más completa. Lo primero es que los números cardinales son los que se refieren a los números normales, es decir, a los que indican el número de cosas o entidades: uno, dos, tres, veinte, etc. Los números ordinales, en cambio, son los que se refieren al lugar o puesto que ocupa una entidad en una serie: primero, segundo, tercero, vigésimo, etc.

¿Por qué se llaman así? Está claro que los ordinales se llaman así porque indican orden, pero el origen del nombre de los cardinales igual no está tan claro. La palabra cardinal viene del adjetivo latino cardinalis derivado de cardo, que significa ‘quicio’ o ‘gozne’, es decir, la parte de la puerta que, como en el caso de las bisagras, le sirve a la puerta de punto de apoyo y permite que gire (de ahí lo de sacar de quicio o desquiciar, por ejemplo). Se llaman así, pues, estos números porque son el punto de apoyo o elemento principal de la numeración, igual que los puntos cardinales (norte, sur, este y oeste) son el punto de apoyo de la orientación o los cardenales son el punto de apoyo de la Iglesia.

Pues bien, como en el caso de reyes, papas y otros altos cargos se está determinando el lugar que ocupan en una serie, lo normal es que se use un número ordinal, y así sucede, por ejemplo, en Juan Carlos primero o Isabel segunda. Pero, como bien dice Javi, a partir del décimo, en el que se pueden usar los dos (Alfonso décimo y Alfonso diez), se empieza a usar el número cardinal, como en Alfonso doce o Luis catorce. ¿A qué se debe esto? Esto se debe a que, a partir de décimo, los ordinales empiezan a ser elementos más complicados, porque son compuestos y poco usuales. Quizás vigésimo, por ejemplo, no sea muy complicado, pero si os pregunto por el ordinal de setenta o de ochocientos, quizás os veáis en apuros. En este caso son septuagésimo y octingentésimo, respectivamente (si alguien tiene curiosidad, aquí podéis encontrar otros). A esta complejidad se le suma el riesgo de confundir los ordinales con los fraccionarios (como doceavo), que es igual en algunos casos como cuarto, quinto, u octavo, pero en otros casos no. Por ejemplo, se podría decir erróneamente el onceavo piso, cuando en verdad el ordinal de once es o decimoprimero o undécimo, pero no onceavo. Este último solo sirve para expresar la parte de algo, como en la onceava parte de la tarta. También alguien podría decir que ha llegado el treceavo en una carrera, cuando lo correcto sería decir que ha llegado el decimotercero.

Creo que, en vista de este jaleo, ya se puede entender que los hablantes prefieran usar los cardinales en vez de los ordinales para los reyes y papas más allá del décimo para facilitar la cosa, y no solo en estos casos sino en otros muchos como en el siglo doce, el quince aniversario o su cincuenta cumpleaños. Hay casos en los incluso se utiliza el cardinal por el ordinal en los números anteriores al diez, como en la página dos, la fila tres o la planta siete.

Seguramente esto no ocurriría si en español los numerales ordinales fueran tan fáciles como en chino, por ejemplo, en donde creo que solo hay que añadir di (que significa ‘serie’) al número cardinal. Pero esto mejor que nos lo confirme Javi, porque yo no sé demasiado chino.

Habría más cosas interesantes que decir sobre los ordinales, por ejemplo, que se puede decir decimotercera o décima tercera, pero creo que podemos dejar estas cosas para otra entrada y pasar al siguiente tema: el FROILANISMO. De este tema sé poco, pero puedo dar mi humilde opinión. De acuerdo con la Constitución, tal como está ahora, no se puede ser froilanista sin ir contra la Constitución, aunque la verdad es que hacer esto está muy de moda ahora. Según el artículo 57.1 (lo he mirado), en la sucesión a la Corona, tiene preferencia entre hermanos el varón sobre la mujer. Por tanto, en la situación actual de España, Felipe tiene preferencia sobre Elena, a pesar de que esta sea mayor. Solo si no hay varón, la mujer sería la sucesora. Por eso, la sucesora de Felipe puede ser su hija mayor, doña Leonor, que es la actual princesa de Asturias. Así pues, solo si el rey Felipe no tuviera ni hijos ni hijas, Froilán podría ser rey, según están las cosas ahora. En el caso de que ahora se suprimiera la parte que se refiere a la preferencia de varón sobre mujer, como Felipe VI ya es el rey, el sucesor seguiría saliendo de entre sus hijos igualmente y seguiría siendo Leonor la sucesora. Es importante indicar que actualmente no es que haya prohibición de que la mujer llegue al trono, como ocurría con la Ley Sálica promulgada por Clodoveo I, sino que hay lo que creo que se llama preterición, es decir, que no se tiene en cuenta a la mujer si hay varón. Los froilanistas estarían de enhorabuena si conserváramos el Reglamento de Sucesión de 1713 promulgado por Felipe V en el que si solo hay hijas y hay sobrino varón, este sería el sucesor. Pero hay que tener cuidado porque esto fue el origen de las guerras carlistas, después de que Fernando VII publicara la Pragmática Sanción, volviendo al derecho sucesorio de las Partidas de Alfonso X en el que las hijas tenían derecho sobre los sobrinos varones. Espero vuestras réplicas, froilanistas.

Y ya por último, sobre apodos se podría escribir un libro. Yo me limitaré a decir mi favorito y alguna cosa más de otros y os animo a los demás a que digáis los vuestros. Pero antes creo que es importante aclarar que la forma de escribir los apodos (o sobrenombres, como los llama la Ortografía de la RAE) es con el artículo en minúscula y el apodo en mayúscula, sin necesidad de comillas: Alfonso X el Sabio.  

Ahora, en cuanto a mi sobrenombre favorito de rey dentro de España a mí siempre me ha encantado, no sé por qué, el de Martín I el Humano, que fue entre otras cosas rey de Aragón y conde de Barcelona y cuyo sepulcro en el monasterio de Poblet pude visitar gracias a mi amigo Diego. Se llamó así porque era muy religioso, afable y humanitario. También es curioso el sobrenombre de el Rey Planeta para Felipe IV, que creo que es comparable al de el Rey Sol de Luis XIV porque en su época el Sol era considerado el cuarto planeta. Otra curiosidad, hablando de reyes, es, para los que os guste el fútbol, que, si os fijáis en el escudo del Sevilla, el del centro es Fernando III el Santo.

De reyes de fuera de España, si se me permite añadirlos, mi favorito sin duda es Pipino el Breve, padre de Carlomagno, llamado así por su corta estatura. También es curioso el de María Tudor, la Sanguinaria, de donde se sacó el nombre del famoso Bloody Mary.

Y esto es todo. Como decías, Carmencita, esta es una entrada completita. Espero como siempre los comentarios, dudas y aclaraciones de todos; sobre todo en esta entrada, que tiene miga.

Un abrazo.

El Académico