No hay que tergiversar las cosas, pero mucho menos *transgiversarlas

Como muchos habéis notado, en la discusión entre Bertín Osborne y Beatriz Montañez, esta última, en vez de decir “tergiversan” dice “transgiversan” (en el segundo 3:12 del vídeo en este enlace).

A pesar de la ignorancia que puede demostrar —bastaría con que se hubiera leído “La tergiversicina” de Mortadelo y Filemón, donde el profesor Bacterio por error crea un gas, la tergiversicina, que hace que todo funcione al revés—, es un bonito caso de etimología popular, es decir, de modificación de una palabra según su significado. Pasa en el caso de mondarina, que se usa en vez de mandarina porque es algo que se monda; pasó en su momento con cerrojo, que sustituyó a verrojo porque servía para cerrar, y en muchos más casos.

El problema es que es difícil reconocer el origen de tergiversar. Esta palabra viene del latín tergiversari formado a partir de tergum, que significa ‘espalda’ y vertere, que significa ‘dar la vuelta’. Por tanto, tergiversar significaría literalmente ‘volver la espalda a algo’, y de ahí el significado actual de ‘dar una interpretación errónea a algo’.

En defensa de Beatriz, se podría pensar que el motivo por el que usa transgiversar es porque otros verbos que implican que algo se cambia por algo o algo se confunde con algo empiezan por trans- o tras- como transformar o traspapelar. Pero, vamos, lo ideal sería leer un poco; al menos los cómics de Mortadelo y Filemón.

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