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Jerosolimitanos, bilbilitanos, giennenses y muchos más

Pregunta

Hola, Carmencita:

Sí, los gentilicios son fascinantes. Son de esos puntos en los que se entrecruzan muchas disciplinas, en este caso, historia, etimología, morfología, ortografía o geografía, entre otras.

Me alegra que menciones el fútbol porque yo soy de los que creo que, bien usado, el fútbol también enseña mucho sobre ciudades, historia, culturas, aparte de ser, como mencioné en mi novela, una herramienta muy útil para ligar (o, al menos, para tener un tema de conversación con alguien desconocido).

Pero no solo en el fútbol o en los nombres de periódicos locales, como dices, se ven gentilicios, también aparecen continuamente en las noticias, en el tiempo, en concursos… Por todas partes. Solo con leer por encima los titulares de un periódico digital veo alicantino, venezolano, japonesa, madrileña

Por ser tan frecuentes hay que saber usarlos bien. Para eso, aquí respondo a las preguntas que me planteas y añado alguna curiosidad más.

¿Qué es un gentilicio?

La palabra gentilicio viene de gentilicius, derivado del latín gentilis ‘que pertenece a una misma nación o a un mismo linaje’, de gens ‘linaje, clan’ (y parece que esta de una raíz antigua relacionada con ‘nacer’ y con ‘niño’, de donde vendría génesis o en inglés kind). Por tanto, el gentilicio es lo que se refiere a personas de una misma nación. De gentilis viene también gentil.

¿Cuántos gentilicios hay por población?

No solo hay tantos gentilicios como poblaciones (pueblos, ciudades, países, etc.) sino que, como bien dices, de un mismo sitio puede haber más de un gentilicio. Por ejemplo, de Jaén se puede encontrar en el Diccionario jaenero, jiennense, jienense, giennense, e, incluso, aurgitano. (Con tantas posibilidades, es normal que les moleste cuando se les llama jaeninos). Así es difícil saberse todos los gentilicios; siempre se aprenden nuevos. Yo, haciendo esta entrada, he aprendido, por ejemplo, que a los de Gibraltar se les llama coloquialmente llanitos.

¿Es posible adivinar el gentilicio de un sitio?

Se puede intentar, pero como se dice en la Gramática de la RAE, no es fácil prever el sufijo con el que se va a formar el gentilicio. Y tampoco la base, como acabamos de ver con Jaén (jaen-, jien-…). Prueba de ello es que los habitantes de dos ciudades distintas pero con igual nombre pueden recibir distinto gentilicio: conquenses son los de Cuenca en España, pero los de Cuenca en Ecuador son cuencanos. Aquí se pueden encontrar otros casos así.

Por tanto, antes de aventurarse, es mejor conocer o buscar el gentilicio. En caso de no saber cuál es, se puede usar «de + nombre de lugar». Así, si no se está seguro, en vez de arriesgarse y decir «Es jaenino», hay que decir «Es de Jaén». Es lo que pasa también con algunos lugares que no tienen gentilicio.

Gentilicios raros

A veces también hay que saber si procede usar un gentilicio raro. Por ejemplo, si se dice de primeras «el equipo mancuniano», puede que mucha gente no sepa que el equipo es de Mánchester (mancuniano ni siquiera viene en el Diccionario). Y lo mismo oxoniense (de Oxford), jerosolimitano (de Jerusalén) o roterodamense (de Rotterdam), los cuales, aunque en este caso sí vienen en el Diccionario, no son de uso general. Se pueden usar, eso sí, una vez aclarada la ciudad de la que se está hablando.

Gentilicios formados a partir del nombre antiguo

A mí estos de pequeño me encantaban. Sabía que los de Calahorra son calagurritanos (del nombre en latín Calagurris) y los de Calatayud bilbilitanos (de Bilbilis).

Y hay muchísimos más. Uno de ellos, comos señalas, es complutense (de Complutum, antiguo nombre de Alcalá de Henares), que comparte ciudad con alcalaíno (no alcalaeño, que esos son los de Alcalá del Júcar) y que hoy vemos en el nombre de la universidad de Madrid, llamada así por su relación con la universidad de Alcalá.

Más gentilicios curiosos son visontino (de Vinuesa) y muchos otros que se pueden ver en esta lista, como lucroniense (de Logroño), majorero (de Fuerteventura), arriacense (de Guadalajara), o los que aparecen en la Gramática de la RAE, como astigitano (de Écija).

Oscenses y onubenses. ¿Por qué sin h?

Dos gentilicios de este tipo son oscense y onubense. Te sorprende que ninguno de los dos se escriban con h, no como el nombre de sus respectivas ciudades (y provincias), Huesca y Huelva. Esto es lo mismo que pasa en huevo frente a ovario. Como ya vimos, cuando aparecía el diptongo ue a principio de palabra (creado en este caso por diptongación de la o, como en puente de pontem), se ponía una h delante para indicar que la u era vocal y no una v, que antiguamente se podía escribir igual que la u. Hoy día ya no habría ese problema, pero curiosamente se mantiene la h (no así, por ejemplo, la tilde en la conjunción o cuando aparece entre números: 4 o 5). Que yo sepa esta h solo se ha quitado en uebos, que hasta 1984 se escribía con ella, pero ya no.

Así pues, oscense y onubense no llevan h porque se forman a partir de Osca y Onuba. En cambio, huelveño sí lleva h porque igual que Huelva empieza por ue.

Creados a partir de alguna circunstancia de los habitantes

Preguntaba Luca en comentario si un apelativo como chicharrero, dado a los habitantes de Santa Cruz de Tenerife, se puede considerar gentilicio. Es verdad que estos apelativos no se forman a partir del nombre del sitio al que pertenecen los habitantes, sino a partir de alguna de sus características o circunstancias, pero como hacen referencia a los habitantes de un mismo lugar, se podrían considerar también gentilicios. En el caso de los chicharreros parece que el nombre viene de que los habitantes de Santa Cruz de Tenerife comían un pescado pequeño de baja calidad llamado chicharro.

De este tipo tenemos pucelano para el vallisoletano, con distintas teorías sobre su origen, gentilicio más conocido que pinciano (a partir de Pintia, ciudad con la que se ha relacionado a Valladolid).

Y hay muchísimos más. Puedes ver, por ejemplo, muchos gentilicios de la Comunidad de Madrid de este tipo en esta noticia, donde se explica, por ejemplo,por qué a los madrileños se les llama gatos o a los de San Lorenzo de El Escorial gurriatos.

Gentilicios que ya no se ven como gentilicios

Una curiosidad relacionada con los gentilicios es que hay algunos que ya no se ven como tales. Por ejemplo, campechano es en verdad el gentilicio de Campeche (en México), algo que no muchos saben. Por el carácter de los campechanos (y seguramente por la similitud de campechano con campo) el término se usó para el «que se comporta con llaneza y cordialidad, sin imponer distancia en el trato».

Algo parecido pasó con caríbal, que se usaba para los habitantes, al parecer antropófagos, de  las Antillas y que perdió el vínculo con su origen, como se ve en el cambio de la r por n, dando caníbal.

Otros casos son el de sibarita, «de  Síbaris, ciudad del golfo de Tarento, en Italia, célebre por la riqueza y el refinamiento de sus habitantes», o el de lésbico, en su origen ‘natural de la isla griega de Lesbos’.

El bonito caso de Guadix

En el caso de Guadix (ciudad de Granada) pasa algo muy bonito. Aunque lo pronunciamos [guadíks], esa x es la misma que se ve en México, la cual se debe pronunciar como una j. Es decir, se debería decir [guadíj] (igual que, en teoría el tex-mex debería pronunciarse [tej-mej]). Esa x es un resto de la que representaba un sonido como [sh]. Y es que Guadix viene de Wadi Ash ‘río Ash’, arabización de Acci (el otro gentilicio de Guadix es accitano). El sonido [sh] acabó dando j y se pronunció [guadíj], algo que se ve en que el gentilicio es guadijano.

Y dos trucos

Un truco para saber el gentilicio de algún sitio es granada gentiliciosbuscar el lugar en la Wikipedia y mirar a la derecha, donde aparece la información. Allí, como se ve al final de la imagen de la entrada de Granada, aparecen muchos gentilicios.

También se puede ir a dirae.es (diccionario inverso) y poner en el buscador el nombre del sitio, por ejemplo, Jaén. Nos saldrán todas las entradas del Diccionario que contienen esa palabra en su definición. Entre esas estarán todas las que tengan «Natural de Jaén».

Y con estos trucos termino. Podría seguir hablando de muchas más cosas relacionadas con el mundo de los gentilicios que, como ves, es inabarcable (y eso que he hablado en general solo de España). No hay más que ver el Diccionario de topónimos españoles y sus gentilicios de Pancracio Celdrán, que tiene casi 1000 páginas, para darse cuenta de todo lo que me he dejado por contar.

Eso sí, a pesar de ser un tema complicado, Carmencita, es conveniente usar bien los gentilicios para no meter la pata y emplear uno que no existe o, peor aún, usar uno donde no corresponde, por confundir, por ejemplo, saharaui con sahariano o hindi con hindú e indio. De estos casos suele dar buenas recomendaciones la Fundéu, pero si quieres hablamos otro día aquí.

Como siempre, quedo a la espera de cualquier otra duda que pueda surgirte, Carmencita, sobre este tema o cualquier otro. Por cierto, que ya se me olvidaba: yo soy madrileño.

Un abrazo.
El Académico

 

Semana 9 de #gramatuits

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Semana 8 de #gramatuits

Trucos para usar bien el Diccionario

Pregunta

Hola, Carmencita:

Sí, se ha armado un gran revuelo por la noticia de la supuestamente alocada inclusión por parte de la RAE de palabras como almóndiga o asín en su Diccionario. El revuelo estaría justificado si no fuera, entre otras cosas, porque muchas de las palabras de la lista ya estaban en el Diccionario desde hace tiempo, como almóndiga, sin ir más lejos, que aparecía ya en 1726 en el Diccionario de autoridades (el primero de la Academia), o porque algunas de estas palabras tienen en su entrada la marca de desus. o vulg., que indica que ya no se usan o que se consideran vulgares, por lo que son desaconsejables. Con objeto de evitar que noticias falaces como la que me indicas puedan desmontar tu autoestima lingüística, te presento aquí algunas cuestiones para ayudarte a entender por qué se equivocan los redactores de la noticia.

 1. No todo lo que está en el Diccionario «se puede decir»

El propio titular de la noticia («Ya se puede decir almóndiga, toballa y asín») es erróneo. Al margen de que estas palabras ya estaban en el Diccionario desde hace tiempo (almóndiga en 1726, toballa en 1739 y asín en 1770), que estén no quiere decir que se puedan decir, sino que forman parte de nuestra lengua y que han tenido un uso considerable. Pero es necesario fijarse en las marcas que acompañan a las palabras porque puede ser que ya no se usen o que se consideren vulgares y que, por tanto, no se recomiende usarlas.

2. Las marcas que acompañan a las palabras son fundamentales para entender cómo usarlas

Por estar abreviadas y a los lados parece que las marcas no son importantes, pero lo son para evitar caer en falsas suposiciones. Por eso es necesario saber lo que significa la abreviatura y lo que su presencia implica. Para lo primero basta con posar el cursor sobre la abreviatura y esta aparecerá desarrollada:

toballa

Para lo segundo, el sentido común es suficiente, pero si dudas puedes encontrar una explicación aquí.

De esta manera, podrás distinguir palabras como madalena, que no lleva ninguna marca y, por tanto, no se considera vulgar, sino una variante de magdalena (al fin y al cabo el nombre del bollo parece venir del francés madeleine, sin g), distinguirla, digo, de palabras como asín, culamen dotor, consideradas vulgares; también distinguirás otubre de setiembre, la primera desusada, la segunda variante aceptada de septiembre, y sabrás que palabras como toballa (y algunas peores aún como connosco ‘con nosotros’ o desdel ‘desde el’), aunque están en el Diccionario, ya no se usan.

3. No todo lo que existe está en el Diccionario

Un error común es suponer que una palabra no existe porque no está en el Diccionario. Si la has oído es porque existe. Que no esté en el Diccionario puede deberse a muchos motivos: a que su uso esté muy restringido, a que sea una mala pronunciación de otra palabra, a que sea un neologismo con pocos años de vida, a que sea una palabra muy técnica o a que sea una palabra de significado fácilmente deducible. Así, por ejemplo, repanfinflar, no se recoge porque es una mala pronunciación no suficientemente extendida de la correcta refanfinflar, wasapear es demasiado nueva y desafortunadamente tiene un significado que se puede deducir a partir de desafortunado. Incluso hay formas que ya se aconsejan, pero que aún no se han incluido en el Diccionario porque hay que esperar a ver si cuajan, como wiski.

Aun así, como es lógico, hay cosas que sorprenden, como que aparezca asín, pero no alante (palabra que, como ya dije, para algunos hasta tiene su propio significado, distinto de adelante), o que estén tuit y tuitear, pero no wasap/wásap y wasapear (hay, eso sí, un curioso guasabear cubano para ‘intercambiar bromas o chistes’). ¿Será porque Twitter es dos años mayor que WhatsApp?

4. Para saber más sobre el uso de las palabras se puede consultar el DPD o la Fundéu

Hay veces que la información del Diccionario puede no satisfacerte. Por ejemplo, habrás pensado que es raro que setiembre se acepte. En esos casos se puede acudir a otros sitios más especializados en recomendaciones del español, como el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) o la Fundéu. Si ponemos «setiembre fundeu» en Google, la primera página que nos sale nos lleva a esta información, que satisfará a más de uno:

setiembre fundeu

También, por ejemplo, chocará saber que, de acuerdo con el Diccionario, arremangar se considera una variante correcta de remangar. Pero es que si consultamos el DPD vemos que dice lo mismo:

remangar

Como ves, tanto el DPD como la Fundéu son muy útiles para profundizar y confirmar. Lo malo es que a veces no explican en profundidad las razones por las que algo no se debe decir. Pero para eso está Gramática para Carmencita.

Con el DPD hay que tener cuidado, por cierto, porque es de 2005 y algunas cosas han cambiado.

5. El Diccionario incluye americanismos

Aunque hay un muy útil diccionario dedicado exclusivamente a los americanismos, el Diccionario recoge también muchos. Se reconocen porque llevan la marca Am., si la voz es de uso general en el continente, o una marca con el país en concreto (Ec. de Ecuador, por ejemplo).

Así, la adaptación bluyín (de blue jeans) se usa allí, como fútbol (de foot-ball). También jonrón por home run, por ejemplo. Ambas voces contienen la marca Am. en su entrada:

bluyín

Que bluyín se usa se puede ver en el CREA, una recopilación de textos recientes en español muy útil, que permite búsquedas de este tipo:

bluyín crea

Pero que bluyín aparezca en el Diccionario no quiere decir que ahora en España tengamos que usarla.

Y es que, aunque cuesta, hay que meterse en la cabeza que el español lo usa mucha gente de fuera de España, hasta el punto de que, como se ve aquí, España es el tercer país en número de hispanohablantes (después de México y Colombia), muy cerca de Argentina y Estados Unidos.

6. Las palabras desusadas siguen apareciendo porque hay gente que lee libros antiguos

Aunque hay diccionarios especializados, a los que leen obras antiguas, que los hay, y muchos, les viene muy bien tener las palabras que leen en esas obras también en el Diccionario general.

7. Para saber desde cuándo forma parte del Diccionario una palabra puedes consultar el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española.

Probablemente te preguntes cómo sé cuándo almóndiga, por ejemplo, entró en el Diccionario. No es que los lingüistas seamos más listos ni que nos pongamos a consultar diccionarios como locos ni mucho menos que nos los sepamos de memoria, pero sí conocemos más herramientas de búsqueda, las cuales, a veces nos cuesta desvelar para mantener la exclusiva indebidamente. En este caso basta con ir al Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española, pinchar en la lupita y poner la palabra que quieras buscar, lo cual te llevará a esto:

almóndiga nttle

Aquí se ven algunos de los diccionarios (no solo de la RAE) en los que ha aparecido la palabra almóndiga. El enlace en la palabra nos lleva al diccionario en cuestión. Por ejemplo, pinchando en la primera, se llega aquí:

almóndiga diccio

Gracias a esto, no solo se sabe cuándo se incluyó la palabra, sino también lo que significaba.

Y con esto creo que es suficiente. Yo creo que con todos estos trucos y herramientas, Carmencita, ya estás preparada para usar de forma correcta el Diccionario y que los informadores desinformados no te vuelvan a amedrentar. Ya ves que el Diccionario, como cualquier otra herramienta, tiene instrucciones, que, si se desconocen, pueden llevar a usarlo e interpretarlo mal, como les ha ocurrido en el artículo, donde el desconocimiento les ha hecho meter en el mismo saco palabras de distinto tipo (americanismos, vulgarismos, palabras desusadas…) y considerarlas como palabras que la RAE ha metido nuevas y que acepta como correctas, con la consecuentemente injustificada crítica a la Academia, la cual, aunque se equivoca a veces, desde luego no lo hace de una manera tan evidente.

Como siempre, Carmencita, si te queda alguna duda, no tienes más que preguntarme. Y lo mismo cualquier interesado.

Un abrazo.
El Académico

Semana 7 de #gramatuits