La palabra con la que empezamos esta sección es chinela, que es la típica zapatilla de estar por casa, sin talón, a modo de chancleta, como las de la foto. 
Nuevas palabras
Según un estudio de la UB, aprender nuevas palabras activa las mismas áreas cerebrales relacionadas con el placer que el sexo.
En vista de esto, abrimos nueva sección para aprender palabras nuevas y así tener ratitos de placer.
El Principito
Hola, Académico:
Me encanta recibir mensajes con preguntas.
Ya nadie me llama Carmen… Ya soy Carmencita.
La pregunta de hoy viene desde China de la mano de mi amigo Javi.
Javi es de esas personas que la vida te regala. Siempre digo que como él hay uno en cada continente. Y yo tengo la suerte de que me ha tocado en Europa. Ahora los chinos me lo han robado. Más les vale cuidarle.
El caso es que me mandó esta curiosa pregunta:
«Carmencita, ¿por qué cambiamos de ordinales a cardinales a partir del décimo cuando nos referimos al nombre de los reyes?; a Felipe II lo llamamos «segundo»; a Fernando VII lo llamamos «séptimo»-; y sin embargo a Alfonso XII lo llamamos «doce». ¿No deberíamos decir duodécimo? ¿A qué se debe este cambio?
Hay respuesta para mi?»
Interesante.
No quiero dejar de saludar a Santi y Fontán defensores de lo que ellos mismos han acuñado como FROILANISMO.
Su teoría no deja indiferente a nadie y sus motivos para declarar al rebelde real como legítimo heredero son, sin lugar a dudas, dignos de análisis.
Espero que se animen y no s los cuenten.
Ya por último, estaría bien que repasásemos los apodos de los reyes más ilustres y populares de nuestro reino.
Por ejemplo Fernando VII «el deseado».
Una entrada completa y para sacar nota.
Gracias
Carmencita
Respuesta a El Principito
Hola, Carmencita:
Me alegra mucho que te lleguen preguntas. Eso demuestra que la gente se interesa por cuestiones lingüísticas, a veces, hay que decir que de una manera tan aguda que me veo en un aprieto para contestar. Por cierto, a mí también me pasa como a ti y estoy empezando a ser «el Académico» para muchos.
Dicho esto, empecemos abordando la pregunta sobre los numerales que desde tan lejos nos llega, no sin antes, claro, mandar un saludo a Javi y darle las gracias por la pregunta.
Para los más perezosos o los más ocupados, la respuesta rápida a por qué se usan los números cardinales y no los ordinales a partir del décimo en nombres de reyes, papas o emperadores es porque a partir de este número los ordinales empiezan a ser más complicados, generalmente debido a que son compuestos y no muy usuales y también a que se confunden con numerales fraccionarios como doceavo.
Para los más curiosos y con tiempo, vamos con una explicación más completa. Lo primero es que los números cardinales son los que se refieren a los números normales, es decir, a los que indican el número de cosas o entidades: uno, dos, tres, veinte, etc. Los números ordinales, en cambio, son los que se refieren al lugar o puesto que ocupa una entidad en una serie: primero, segundo, tercero, vigésimo, etc.
¿Por qué se llaman así? Está claro que los ordinales se llaman así porque indican orden, pero el origen del nombre de los cardinales igual no está tan claro. La palabra cardinal viene del adjetivo latino cardinalis derivado de cardo, que significa ‘quicio’ o ‘gozne’, es decir, la parte de la puerta que, como en el caso de las bisagras, le sirve a la puerta de punto de apoyo y permite que gire (de ahí lo de sacar de quicio o desquiciar, por ejemplo). Se llaman así, pues, estos números porque son el punto de apoyo o elemento principal de la numeración, igual que los puntos cardinales (norte, sur, este y oeste) son el punto de apoyo de la orientación o los cardenales son el punto de apoyo de la Iglesia.
Pues bien, como en el caso de reyes, papas y otros altos cargos se está determinando el lugar que ocupan en una serie, lo normal es que se use un número ordinal, y así sucede, por ejemplo, en Juan Carlos primero o Isabel segunda. Pero, como bien dice Javi, a partir del décimo, en el que se pueden usar los dos (Alfonso décimo y Alfonso diez), se empieza a usar el número cardinal, como en Alfonso doce o Luis catorce. ¿A qué se debe esto? Esto se debe a que, a partir de décimo, los ordinales empiezan a ser elementos más complicados, porque son compuestos y poco usuales. Quizás vigésimo, por ejemplo, no sea muy complicado, pero si os pregunto por el ordinal de setenta o de ochocientos, quizás os veáis en apuros. En este caso son septuagésimo y octingentésimo, respectivamente (si alguien tiene curiosidad, aquí podéis encontrar otros). A esta complejidad se le suma el riesgo de confundir los ordinales con los fraccionarios (como doceavo), que es igual en algunos casos como cuarto, quinto, u octavo, pero en otros casos no. Por ejemplo, se podría decir erróneamente el onceavo piso, cuando en verdad el ordinal de once es o decimoprimero o undécimo, pero no onceavo. Este último solo sirve para expresar la parte de algo, como en la onceava parte de la tarta. También alguien podría decir que ha llegado el treceavo en una carrera, cuando lo correcto sería decir que ha llegado el decimotercero.
Creo que, en vista de este jaleo, ya se puede entender que los hablantes prefieran usar los cardinales en vez de los ordinales para los reyes y papas más allá del décimo para facilitar la cosa, y no solo en estos casos sino en otros muchos como en el siglo doce, el quince aniversario o su cincuenta cumpleaños. Hay casos en los incluso se utiliza el cardinal por el ordinal en los números anteriores al diez, como en la página dos, la fila tres o la planta siete.
Seguramente esto no ocurriría si en español los numerales ordinales fueran tan fáciles como en chino, por ejemplo, en donde creo que solo hay que añadir di (que significa ‘serie’) al número cardinal. Pero esto mejor que nos lo confirme Javi, porque yo no sé demasiado chino.
Habría más cosas interesantes que decir sobre los ordinales, por ejemplo, que se puede decir decimotercera o décima tercera, pero creo que podemos dejar estas cosas para otra entrada y pasar al siguiente tema: el FROILANISMO. De este tema sé poco, pero puedo dar mi humilde opinión. De acuerdo con la Constitución, tal como está ahora, no se puede ser froilanista sin ir contra la Constitución, aunque la verdad es que hacer esto está muy de moda ahora. Según el artículo 57.1 (lo he mirado), en la sucesión a la Corona, tiene preferencia entre hermanos el varón sobre la mujer. Por tanto, en la situación actual de España, Felipe tiene preferencia sobre Elena, a pesar de que esta sea mayor. Solo si no hay varón, la mujer sería la sucesora. Por eso, la sucesora de Felipe puede ser su hija mayor, doña Leonor, que es la actual princesa de Asturias. Así pues, solo si el rey Felipe no tuviera ni hijos ni hijas, Froilán podría ser rey, según están las cosas ahora. En el caso de que ahora se suprimiera la parte que se refiere a la preferencia de varón sobre mujer, como Felipe VI ya es el rey, el sucesor seguiría saliendo de entre sus hijos igualmente y seguiría siendo Leonor la sucesora. Es importante indicar que actualmente no es que haya prohibición de que la mujer llegue al trono, como ocurría con la Ley Sálica promulgada por Clodoveo I, sino que hay lo que creo que se llama preterición, es decir, que no se tiene en cuenta a la mujer si hay varón. Los froilanistas estarían de enhorabuena si conserváramos el Reglamento de Sucesión de 1713 promulgado por Felipe V en el que si solo hay hijas y hay sobrino varón, este sería el sucesor. Pero hay que tener cuidado porque esto fue el origen de las guerras carlistas, después de que Fernando VII publicara la Pragmática Sanción, volviendo al derecho sucesorio de las Partidas de Alfonso X en el que las hijas tenían derecho sobre los sobrinos varones. Espero vuestras réplicas, froilanistas.
Y ya por último, sobre apodos se podría escribir un libro. Yo me limitaré a decir mi favorito y alguna cosa más de otros y os animo a los demás a que digáis los vuestros. Pero antes creo que es importante aclarar que la forma de escribir los apodos (o sobrenombres, como los llama la Ortografía de la RAE) es con el artículo en minúscula y el apodo en mayúscula, sin necesidad de comillas: Alfonso X el Sabio.
Ahora, en cuanto a mi sobrenombre favorito de rey dentro de España a mí siempre me ha encantado, no sé por qué, el de Martín I el Humano, que fue entre otras cosas rey de Aragón y conde de Barcelona y cuyo sepulcro en el monasterio de Poblet pude visitar gracias a mi amigo Diego. Se llamó así porque era muy religioso, afable y humanitario. También es curioso el sobrenombre de el Rey Planeta para Felipe IV, que creo que es comparable al de el Rey Sol de Luis XIV porque en su época el Sol era considerado el cuarto planeta. Otra curiosidad, hablando de reyes, es, para los que os guste el fútbol, que, si os fijáis en el escudo del Sevilla, el del centro es Fernando III el Santo.
De reyes de fuera de España, si se me permite añadirlos, mi favorito sin duda es Pipino el Breve, padre de Carlomagno, llamado así por su corta estatura. También es curioso el de María Tudor, la Sanguinaria, de donde se sacó el nombre del famoso Bloody Mary.
Y esto es todo. Como decías, Carmencita, esta es una entrada completita. Espero como siempre los comentarios, dudas y aclaraciones de todos; sobre todo en esta entrada, que tiene miga.
Un abrazo.
El Académico
1, 2, 3… Un pasito ******* María…
Hola, Académico:
Quería deciros a todos que el Académico me escribió el otro día diciéndome que en vez de abarcar un tema diga abordar un tema.
No se le escapa ni una y a mí me queda todo por aprender.
Reconozco que todavía sigo dándole vueltas a lo del que aproveche (sin tilde, otra sorpresa). Pero bueno, se vio que el tema es de extremos. Esos son los posts que me gustan!
Hoy os propongo un ejercicio.
Cerrad los ojos (en sentido figurado que si no no podéis seguir leyendo… Jajaja). Imaginaos que es un viernes noche y vais con vuestros amigos por la calle.
Tú vas más despacio con un par de amigos porque les estás contando algo que no saben.
Los que van más rápido que vosotros empiezan a tener una distancia considerable.
Llega un momento en que les quieres decir que no corran tanto, que la noche ya está hecha, que no hay nada por lo que apresurarse. Que la chica de labios rojos ni siquiera les ha mirado o que el chico por el que todas han ido a ese bar, no ha aparecido.
Y entonces te quieres referir a ellos, y gritarles:
-Ey, los que vais…?!?!?!?!?
Porque yo diría delante y lo escribiría así, pero es cierto que me entra la duda y quizás alguna vez haya dicho «alante»? E incluso ‘los que vais adelante’?
¿Existe «alante»?
¿Puede ser un mix de adelante, delante… Y como somos unos vagos decimos «alante»?
Qué lío.
Ya sabes, te necesito Académico.
Una vez más!
Carmencita
Hola, Carmencita:
En primer lugar, para que no haya confusión, debo aclarar que no es que no se pueda abarcar un tema y que haya que abordarlo: son cosas distintas. En el sentido que tú pretendías de empezar a tratar un tema, se debe decir abordar, pero en el sentido de que algo contiene un tema completo, se puede decir que abarca el tema entero.
Aclarado esto, vamos con lo de alante, que es interesantísimo y sirve para hablar de varias cosas. Mi opinión personal es que alante no es siempre una forma incorrecta de decir adelante, sino que es una forma distinta y, por tanto, no debería tratarse como incorrecta. Curiosamente, no me dejaron decir esto en mi tesis y tuve que disimular poniendo lo siguiente:
«Es interesante destacar que, en el caso de delante y adelante, es posible encontrar una tercera forma en español coloquial, alante, cuyas propiedades sería interesante analizar en el futuro, pues parece que no siempre es intercambiable con adelante.»
Este puede ser ese futuro, así que aprovecharé para explayarme. Pero, vamos por orden.
Lo primero es que la RAE considera que alante es una forma popular o descuidada que se debe evitar. En la Gramática, por ejemplo, se dice que alante es una deformación de adelante. En el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) se recomienda evitar alante en el uso esmerado del español.
Voy a tratar de explicar de la manera más sencilla posible —que el tema es complicadillo— por qué alante debería ser aceptado en algunos casos.
Una palabra deja de ser la forma coloquial o descuidada de otra cuando se empiezan a utilizar en distintos contextos y con distintos significados, es decir, cuando no son intercambiables dependiendo de si el registro es coloquial o no. Y esto es lo que pasa con alante y adelante.
Yo utilizo alante para indicar dónde está algo como en Juan se sentó alante. Pero utilizo adelante para indicar una dirección como en Siguieron adelante o Dio un paso adelante. Yo no podría decir *Juan se sentó adelante. Y si dijera *Siguieron alante no querría indicar dirección sino en qué lugar siguieron. Así en el ejemplo que ponías, «Ey, los que vais….», yo completaría con alante o, como mucho con (por) delante, pero nunca con adelante, por mucho que me esmerara.
Y esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿cuál es la diferencia entre alante y delante? En los demás casos de adverbios locativos (detrás/atrás; debajo/abajo, por ejemplo) para localizar algo se diría o Está atrás o Está detrás. La diferencia es que atrás se utiliza para localizar algo dentro de otra cosa. Por ejemplo, hablando de un coche, si se dice Juan se sentó atrás, quiere decir que Juan se sentó dentro del coche en la parte de atrás. Pero detrás suele indicar que algo se localiza fuera. Así, si se dice Juan se sentó detrás del coche, lo que se quiere decir es que se sentó fuera del coche por detrás. Se podría decir Juan se sentó detrás para indicar que se sentó en la parte de atrás del coche, pero eso es otra historia más complicada que luego si quieres puedo explicar.
Seguramente alante se formó como equivalente de atrás y abajo, en los que se añade directamente a- a la preposición tras y bajo (para la parte superior se utiliza cima en encima y riba en arriba, donde ripam es ‘orilla’). En estos casos no hay una forma como adelante, es decir, no hay un *adetrás o un *adebajo. Por eso alante se usa en los mismos casos que atrás y abajo. Por tanto, igual que se dice Fueron para atrás no estaría mal decir Fueron para alante (p’alante sería pasarse). A este respecto, la RAE recomienda no usar *Fueron para adelante y usar, en cambio, Fueron para delante. Lo malo de esto es que uno no diría *Fueron para detrás, sino Fueron para atrás. La forma alante resuelve este problema: Fueron para alante.
Por tanto, como decía, para mí alante debería considerarse una forma independiente y no una forma descuidada de adelante. Pero, ¡ojo!, es necesaria una aclaración. Hay que tener en cuenta que en español hay muchos dialectos e idiolectos (manera propia de expresarse). En mi idiolecto, alante no es una forma descuidada, sino una forma distinta, como he expuesto, pero esto no quiere decir que haya hablantes del español para los que alante sea una forma descuidada, en caso de que puedan decir Se sentó adelante. Una forma descuidada mía sería, por ejemplo, decir Me han pillao, donde podría decir con el mismo sentido, y esto es lo importante, Me han pillado; pero en el caso de Me senté alante, no podría decir Me senté adelante, y en el caso de Di unos pasos adelante no podría decir con el mismo sentido Di unos pasos alante. Pero, por ejemplo, p’alante sí que sería forma descuidada porque puedo decir para alante con el mismo significado, a no ser que esté cantando la canción de Ricky Martin y el número de sílabas no cuadre.
Consciente de que es un tema peliagudo, abro, como siempre, el turno de dudas, preguntas y quejas.
Un saludo.
El Académico
CP: Que os a-p-r-o-v-e-c-h-e*!!!!
Querido Académico:
Hay entradas que llevan dando vueltas en mi mente meses.
Esta es una de ellas y tras decirme Pau que ya era hora de abarcarla me he decidido a escribir. Quería esperar al mejor momento. Y si sigo así… No va a llegar nunca.
Es quizás una de las más difíciles. Cuando la leas lo entenderás y más aún cuando uno intenta ser políticamente correcto y agradar a todos.
Se trata del ‘¡Que aproveche!’
¿Cómo empezar?
Me gustaría por el principio, pero ahí necesito que me ayudes.
¿De dónde viene esta expresión?
Lo más curioso de todo es cómo la usa la gente y cómo para ciertas personas su empleo es de mal gusto o incluso de mala educación y como para muchos es sinónimo de saber estar y de intentar agradar.
Tengo amigos que lo dicen, sin ir más lejos Santi.
Me entra la risa porque un 15 de mayo, mientras íbamos a las Ventas, le dijo a su inseparable amigo Toni:
-Toni, tío, ¿sabes qué? Ahora resulta que no se puede decir ‘qué aproveche’.
Toni me acusó con la mirada y nos empezamos a reír. Sabía que eso sólo podía venir de mí.
-Carmen, ¿de dónde has sacado esto?
Les expliqué que a mí en mi casa siempre me habían dicho que no se decía.
Pero que cuando empecé a darme cuenta de que mucha gente lo decía me paré a pensar:
¿Cómo es posible que para unos sea de mala educación y para otros de buena? Porque si algo tengo claro es que quien lanza un ‘¡Qué aproveche! Siempre lo hace con la mejor de las intenciones. ¡Por eso se merece toda mi simpatía!
Les expliqué mi teoría y les dije que me parecía absurdo que hubiese gente que pensase que es de mala educación y que pensar eso me parecía un esnobismo (¿snobismo?), pero que también era cierto que yo me veía incapaz de decirlo. Que si me lo decían sonreía y daba las gracias. O como mucho se me escapaba un tímido ‘igualmente’.
Pau me comentaba que en la Manga cuando comen en la terraza de su casa (una pasada literalmente a dos pasos de la arena de la playa) la gente al pasar y verles en vez de decir buenas tardes ya directamente sustituyen el saludo por un ¡qué aproveche!
A mi amiga Pau, que es de la escuela del ‘anti-que-aproveche’, se le atraganta la comida y cena una media de 5 veces al día.
Me encantaría que me/nos contases si sabes de dónde viene esta expresión y por qué su percepción tan dispar por unos y otros.
Y a vosotros, los lectores y seguidores del Académico y Carmencita, ¡mojaos por favor!
¿De qué escuela sois?
¿Qué os parece esto?
¿Cómo lo utilizáis o por qué NO lo decís nunca?
Diría un que os aproveche esta entrada, pero ya sabéis… Yo sólo sonrío…
Carmencita
Querida Carmencita:
Tienes razón en que es una pregunta difícil, pero a la vez muy interesante. Yo de cortesía y protocolo no sé mucho, pero trataré de darte una respuesta ayudándome de herramientas lingüísticas.
En primer lugar, confieso que yo utilizo el «¡Que aproveche!» como muestra de cortesía. Y además mucho. Pero trataré de ser imparcial en la respuesta, aunque me temo que levantará polémica.
En segundo lugar, hay que aclarar que se escribe «¡Que aproveche!» sin tilde, porque aquí el que es una conjunción átona y no un pronombre exclamativo tónico, por ejemplo. Es como si dijéramos «¡Deseo que aproveche!».
Aclarado esto, veamos distintos aspectos. Lo primero es que, pese a los que habéis manifestado vuestro rechazo al «¡Que aproveche!» considerándolo descortés o, incluso, paleto, es decir, los «antiqueaprovechistas», hay que decir que, buscando en obras literarias, en general el recibir un «¡Que aproveche!» suele sentar bien y el no recibirlo mal. Por poner un ejemplo, Alfonso Ussía en su Tratado de las buenas maneras escribe:
«Lo que más molestó al barón de esta desagradable aventura es que Domitilo, siempre tan correcto y respetuoso, no le dijera ¡que aproveche! cuando el barón procedió a darle el inaugural mordisco.»
Pero también es verdad que se puede encontrar lo contrario buscando por la red. Por ejemplo, leo en un artículo titulado «Los diez mandamientos del protocolo» lo siguiente:
«Lo del “Que aproveche!”, por favor, eso sí que no. Si lo piensas, no significa otra cosa que desearte que eructes!! Erradicado de nuestro vocabulario gastronómico.»
Ante esto, la verdad es que, si uno lo piensa y, sobre todo, si investiga un poco, llegará a la conclusión de que «¡Que aproveche!» no significa que se esté deseando que el otro eructe. Si uno mira la etimología de aprovechar, verá que está formado a partir de provecho. Provecho viene del latín profectus, que se deriva del verbo proficere, que significa ‘adelantar’, ‘prosperar’ o ‘ser útil’. Por tanto, lo del eructo no tiene mucho sentido; lo que se está deseando es que al otro la comida le sea útil y provechosa, lo cual no quiere decir que acabe en eructo.
Es verdad que a veces los eructos están relacionados con el «¡Que aproveche!» porque a veces cuando uno se tira un eructo se le dice «¡Que aproveche!» irónicamente, tal y como se puede observar en este fragmento de Camilo José Cela de Judíos, moros y cristianos:
«En la ribera verde y delectosa del sacro Tormes, dulce y claro río, el vagabundo, en una tabernilla no muy a la mano, un lunes de mercado del año 1953, en Barco de Ávila, escuchó el regüeldo más detonador y alarmante de toda su existencia.
—Que aproveche.
Por Castilla, tierra de cuidadosos y no fáciles aprovechamientos, se desea provecho tanto para engullir como para digerir.
—Gracias.»
Pero no es que a uno se le desee que eructe, sino que una vez que ha eructado se le dice irónicamente «¡Que aproveche!», al estilo árabe.
Una razón por la que se me ocurre que podría molestar el «¡Que aproveche!» es si el que lo dice se está quejando porque no se le ha invitado o porque no se siente invitado y lo dice de manera irónica. Esto se ve más o menos en este fragmento de Los duendes de la Camarilla de Galdós:
«Y Merino: “¿Estáis de bodorrio? Ahora iréis de comistraje”. Y Ansúrez: “Si quiere participar, tendrá la presidencia”. Y Merino, en la cuerda más baja de la sequedad amarga y del satánico desdén: “Que les aproveche… Yo me voy a mi casa… Cada cual a lo suyo”.»
Curiosamente estos casos suelen aparecer con pronombre: «Que te aproveche», «Que les aproveche», etc.
Para evitar que la otra persona piense que no ha sido invitada, a mí de pequeño me enseñaron una respuesta: «Gracias, si usted gusta…».
También puede ser que moleste si el «¡Que aproveche!» se utiliza de manera forzada con extraños o interrumpiendo una conversación, pero creo, y esta es mi opinión, que en ningún caso un buen deseo se debe tomar a mal. Es verdad, y en esto entiendo a Paula, que puede ser un poco pesado que te lo estén diciendo todo el rato.
Lo de que se vea como algo paleto o de clase baja, como algunos comentan, podría ser otro motivo para defender el «antiqueaprovechismo», pero considero que tanto a ricos como a pobres no nos viene mal que nos deseen que la comida nos sea de provecho y que no nos indigeste.
En cualquier caso, por el motivo que sea, no es extraño que una expresión de cortesía se tome a mal, sea por esnobismo (con e delante) o por lo que sea. No es la primera vez que pasa en español. Por ejemplo, pasó en su momento con el vos, que aunque empezó siendo una forma de respeto hacia los nobles en la Edad Media, luego pasó a usarse para trato indiferenciado y al final fue desvalorizado, como dice Lapesa, por «la puntillosidad de nuestros antepasados», y empezó a considerarse descortés si se usaba con gente no inferior. Por eso se empezó a usar vuestra merced, que acabó evolucionando en nuestro usted (vuesa merced > vuesarced > vusted > usted).
De hecho, ahora está pasando lo mismo con usted. Hay veces que cuando a alguien se le trata de usted se enfada, bien porque considera que estamos creando distanciamiento o bien porque siente que le estamos considerando viejo. Seguimos siendo igual de puntillosos.
En definitiva, lingüísticamente hablando, no hay ningún motivo para ser «antiqueaprovechista». Desde el punto de vista de la pragmática, el protocolo o la cortesía, sin ser un experto, considero que, bien usado, como todo, tampoco hay por qué rechazarlo.
Y para terminar, yo sí que me atrevo a desearte, Carmencita, que te aproveche esta entrada porque soy de los que usa, quizás demasiado, pero siempre con buena intención, el «¡Que aproveche!». A los demás os agradezco enormemente vuestros comentarios y me encantará saber vuestras opiniones al respecto.
Un abrazo para todos.
El Académico
CP: Si me queréis irse… :)
Querido Académico:
Espero que hayas disfrutado de tus vacaciones y que vengas con las pilas cargadas porque este curso promete.
Como hay que ponerse manos a la obra he decidido que deberíamos dar un repaso al imperativo. ¡Hay tanta gente que lo utiliza mal!
Está el mítico: pasaRlo bien.
Situación viernes a las 22:30: -¿Te vienes al final a las copas?
-No puedo! PasaRlo bien (cuando debería ser: pasaDlo bien).
Siempre hay alguna amiga que intenta recordar que no se dice así y se dice PASADLO pero la susodicha cada vez que ponga la frase seguirá diciendo PASARLO. No hay remedio. Y en el fondo ya hasta te hace gracia!
Luego está el típico:
-Venga, veniros! Cuando se debería decir: veníos, ¿no?
Y por último, uno que me costó mucho aprender y que al principio, cada vez que lo usaba, me sonaba rarísimo:
En vez de iRos lo correcto es iDos.
Me estoy acordando del famoso ‘si me queréis irse‘ de la gran Lola Flores.
Pues eso, en tono imperativo, contéstame pronto que estamos ansioso de tus lecciones!
Un beso
Carmencita
Querida Carmencita:
Sí, he disfrutado mucho de mis vacaciones y vengo, como podrás ver por esta respuesta tan larga, con muchas ganas para este curso. Espero que tú también hayas disfrutado mucho.
Me alegra empezar con el imperativo porque es un tema muy interesante y es verdad que a veces no lo utilizamos del todo bien, aunque, como siempre, todo tiene su explicación.
En primer lugar, lo de decir ¡Pasarlo bien! en vez del correcto ¡Pasadlo bien! es muy típico. Este uso se puede deber a que otras formas relacionadas con dar una orden se construyen con el infinitivo, que es la forma acabada en –r: «A comer» o «Tienes que comer» o «Hay que hacer eso». Es parecido al uso de empujar o tirar en los carteles las puertas de las tiendas.
También el uso de la –r final podría deberse a que es más fácil pronunciar una –r final que una –d (muy pocos pronunciamos bien la –d final de Madrid, por ejemplo) y más cuando detrás hay un pronombre, como en pasadlo. Fíjate que, por ejemplo, en español espalda viene de espatula (que es como llamaban a los omóplatos en latín), lo cual por evolución normal habría dado espadla, pero como era difícil de pronunciar se empezó a decir espalda y así se quedó. De hecho, por ejemplo en el Quijote se puede ver esto en el imperativo, como en «pedilde perdón» en vez de «pedidle perdón»
Por tanto, aunque lo correcto es decir «Pasadlo bien», está justificado que la gente lo evite.
Luego, lo de veniros es también muy típico. Lo lógico habría sido venidos juntando venid con os, pero en español es muy típico que se pierda la -d- entre dos vocales (como pasa en «Se ha enfadao», por ejemplo) y se tiene veníos. Lo que no es tan fácil es que se pierda una –r- entre vocales y, por tanto, el que usa el imperativo como venir, en vez de como venid, es normal que diga veniros. Como curiosidad diré que en una novela que estoy escribiendo el protagonista, que es un friki de la gramática, decide no empezar con una chica porque en un whatsapp ella le pone «Veniros» en vez de «Veníos» para invitarle a él y a una amiga a una fiesta. Pero bueno, no he venido a hablar de mi libro, así que sigamos con el imperativo.
Solo hay una excepción a lo de veníos y es el verbo ir. Siguiendo la norma, debería ser íos, pero suena fatal, suena a actualización del iphone, así que se mantiene la –d-: idos. Seguramente porque idos es igual que el participio, la gente lo evita y suele decir iros.
Una de esas formas de evitar el idos podría ser lo de «si me queréis irse», pero la cosa es que en Andalucía y en algunos otros sitios es común usar el infinitivo y pronombre de tercera persona, se, para el imperativo: irse. Mi abuela, sin ir más lejos, para que nos sentemos a comer dice «¡Sentarse!». Es incluso posible oír «¡Irsen!», lo cual es muy bonito porque se añade una –n final típica de otras formas de tercera persona del plural como dicen, dijeron, dirán, dirían, etc. Algo parecido pasa en los casos del pasado como dijistes, donde se pone una -s final para una segunda persona del singular como pasa en las demás formas (dices, dirás, dirías, dijeras, etc.). Y también pasa en el imperativo de algunos verbos como en «¡Oyes, hazme caso!» en vez de «¡Oye, hazme caso!» o en «¡Ves ahí!» en vez de «¡Ve ahí!».
Otra cosa que se oye, aunque menos, es lo de «¡Váyasen!» en vez de «¡Váyanse!», cambiando el lugar de la n. Yo siempre me acuerdo de esto cuando veo furgonetas de la empresa Salvesen. Y también está el «¡Se sienten, coño!» que no sé si es porque Tejero se comió el que («¡Que se sienten, coño!») o si es porque cambió el pronombre se de sitio («¡Siéntense, coño!»).
Otra cosa interesante es que en general solo hay formas del imperativo especiales para la segunda del singular y la segunda del plural (di, decid), pero hay un verbo que tiene forma especial para la primera persona del plural (nosotros). ¿Se te ocurre cuál puede ser?
Una última curiosidad es que aunque no hay forma oficial para el imperativo pasado, porque no tiene sentido dar una orden para algo pasado, sí que hay una expresión que se asemeja, como es la del infinitivo compuesto, es decir, la de casos como «¡Haberlo dicho antes!» o «¡No haber venido!».
Dejo para otra ocasión, que creo que por hoy ya me he pasado y es imperativo no extenderse demasiado, lo de cómo escribir las formas dígannos y digámoselo, por ejemplo.
Y esto es todo. Espero no haberte asustado con tanto imperativo, Carmencita.
Un beso.
El Académico
CP: Del o De El… Esa es la cuestión (con respuesta del Académico)
Hola, Académico:
No sabes cómo me gusta recibir mensajes con peticiones y dudas para ti.
Te has vuelto todo una eminencia. Espero que no se te suba… 🙂
Esta vez mi padre, don Mariano, me ha insistido en que te pregunte.
-¿Cómo se dice: Te he comprado un libro de ‘El Bierzo’ o te he comprado un libro del Bierzo?
-¿Hemos quedado en la calle de ‘El Jazmín’ o del Jazmín?
-¿El 12 de octubre es la virgen de ‘El Pilar’ o del Pilar?
¿Cómo hacemos con estas contracciones?
Muchas gracias como siempre,
Carmencita
Hola, Carmencita:
Me alegra mucho que te lleguen dudas y más si proceden de personas como don Mariano.
La respuesta a lo que pregunta en esta ocasión es que depende del caso. Si el artículo forma parte del nombre propio, como en «El Cairo», sería «de El Cairo», pero si el artículo no forma parte, como en «el Bierzo», entonces es «del Bierzo». Otro caso como «El Cairo» es «El Escorial». Y otro caso como «el Bierzo» es «el Retiro».
Una forma de saber cuándo el artículo es parte del nombre propio, aunque a veces es difícil, es utilizando un demostrativo como este o poniendo un adjetivo delante. Si se mantiene el artículo, esto quiere decir que forma parte del nombre. Por ejemplo, sería «Este El Cairo no me recuerda al de la última vez», pero «Este Bierzo es muy distinto al que conocí», o «el extravagante El Cairo», pero «el magnífico Bierzo».
Con «calle del Jazmín» y «Virgen —con mayúscula, por cierto— del Pilar» ocurre lo mismo que con «el Bierzo». El artículo no se considera parte del nombre propio y, por tanto, se puede hacer la contracción del.
Y por último, otra curiosidad relacionada con esto es que con los títulos de los libros que empiezan por el no se hace contracción, como se ve en «el primer capítulo de El hobbit». Pero, si lo que decimos no es el título completo, sino el nombre por el que se suele llamar al libro, entonces sí que hay contracción, como en «el tercer capítulo del Quijote». Y lo mismo con los apodos. Por eso en el título de esta entrada he puesto «del Académico» y no «de El Académico», igual que ocurre en otros casos como en «los cuadros del Greco».
Un abrazo a todos y, en especial, a don Mariano.
El Académico
AC: ¿»Spray», «espray», «esprai» o «aerosol»?
Carmencita, hoy ha salido la noticia de que en la Liga se va a utilizar el spray para marcar la distancia de la barrera en los partidos de fútbol, como se ha hecho en el Mundial:
Ante esto, uno se pregunta: ¿es correcto usar el término inglés spray como en la noticia de la imagen o hay que usar espray o esprái o ninguna de las dos y lo mejor es usar la palabra aerosol, usada dentro de la noticia, que ya lleva tiempo en el diccionario?
Bueno, pues aunque es verdad que ya tenemos aerosol, esta palabra en el fondo también la tomamos prestada —en este caso del francés—, así que no habría por qué preferirla a espray, tomada del inglés, que también está en el diccionario.
Eso sí, si preferimos la palabra inglesa, hay que tener en cuenta que en el Diccionario está incluida la adaptación espray, con e delante, y también spray en cursiva como extranjerismo. En la noticia de la imagen deberían haber usado espray y no spray o, si usaban spray, deberían haberlo puesto en cursiva (spray) o entre comillas simples (‘spray’), esto último permitido por la Ortografía para los titulares de prensa.
Por otro lado, conviene saber que el plural de espray es espráis y no esprays, igual que el plural de jersey es jerséis.
AC (El «Académico» contesta) al ejqueísmo
Hola, Carmencita:
El problema que me planteas y que plantea Fontán es muy interesante. He de reconocer que no sé mucho de fonética, pero voy a intentar dar una respuesta lo más correcta posible dentro de lo que sé sobre esto. Empezaré con lo de mamá y luego responderé a lo del ejqueísmo (yo lo llamaría así mejor, para equipararlo con el dequeísmo, por ejemplo).
Curiosamente, para lo de mamá, la forma que viene directamente del latín es mama, pronunciada como llana, del latín mamma, también llana, que significaba ‘mama, pecho o ubre’, pero también se utilizaba para la madre. Parece ser que en el siglo XVIII, con la entrada de todo lo francés en España, la gente empezó a decir mamá, aguda, igual que en francés maman. Ya sabemos la cantidad de cosas que se nos han pegado del francés, como camisa a rayas en vez de camisa de rayas o temas a tratar en vez de temas por tratar o temas que se deben tratar. Quizás debido a que la gente con más posibilidades estudiaba francés, ha quedado la errónea idea de que es más vulgar decir mama como palabra llana, cuando en verdad es la que viene directamente de la palabra latina mamma.
En cuanto al ejquismo o ejqueísmo, se trata de un fenómeno que se da en el sur de Madrid (yo, por ejemplo, conozco a gente de Móstoles que son ejqueístas), pero sobre todo, como bien dice tu amiga, es típico de la Mancha y, por eso, Bono, que es de Salobre (Albacete) es ejqueísta.
El fenómeno está perfectamente justificado fonéticamente. Se trata de una asimilación normal de dos fonemas contiguos: el fonema /s/ se asimila al fonema /k/. El fonema que surge entonces es el fonema /x/, que se pronuncia como nuestra jota y que técnicamente es fricativo velar, fricativo como el fonema /s/, pero velar como el fonema /k/, es decir, algo así como una mezcla de ambos. Que sea fricativo significa que deja pasar el aire sin que se llegue a interrumpir y que sea velar significa que se pronuncia en la parte de atrás del paladar o velo del paladar. Supongo que pasa en estas zonas porque, incluso cuando pronuncian la s en un contexto normal, ponen la lengua más atrás y, por tanto, más cerca del velo del paladar, con lo cual es más fácil que se produzca la asimilación en contacto con el fonema /k/ que en dialectos donde la s se pronuncia con la lengua más adelantada.
Otro ejemplo de asimilación es el de la n con la p o con la b, que se asimila y se hace labial. Por eso delante de p o b suele ir m, eso que nos enseñaban en el colegio. Tanto la p y la b como la m se pronuncian como labiales, lo que quiere decir que hace falta juntar los labios para pronunciarlas. Intentadlas pronunciar sin juntar los labios a ver qué pasa. Es difícil encontrar un caso en el que dentro de una palabra haya una n seguida de p, pero, cuando una palabra que termina en n se junta con otra que empieza por p, se da esta asimilación. Por ejemplo, si pronunciamos con prisa, la n se pronuncia como una m y tenemos algo como com prisa. Lo mismo pasa en casos como enviar, donde, ahora que pronunciamos la v como b, la n se pronuncia como m, a pesar de que se escribe n.
Y esta es la explicación que puedo dar, querida Carmencita. Si queda un poco confuso lo de los fonemas, dime, que ej que no he sabido explicarlo de manera más sencilla. ¡Ah! Y aprovecho para mandarle recuerdos a tu mama.
Besos.
El Académico


