Las eses como efes

Con motivo del V centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús, Gabriel Albiac publicó un artículo en el ABC Cultural. En él se puede ver la siguiente ilustración de la portada de las Cartas de Santa Teresa:

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Mi abuela, que lo observa todo, me preguntó por qué hay algunas eses que se escriben como efes. Esto se puede ver en el caso de Obispo de Osma, escrito con una letra parecida a la efe de Palafox:

obispo

palafox

Y, sin embargo, hay otros casos en los que la ese se escribe normal:

carmleitas

Yo sabía que antiguamente se podía representar la ese con esta especia de efe, pero no sabía muy bien cuándo. Viendo que en el primer caso la ese aparecía en interior de palabra y en el segundo caso aparecía al final, le dije a mi abuela que a lo mejor era como en griego. En esta lengua hay dos símbolos para la letra sigma, uno cuando aparece en interior de palabra (σ) y otro cuando aparece al final (ς).

Y acerté. Esta ese (), la llamada s larga (procedente de una s latina cursiva), se utilizó hasta el siglo XIX para la s, cuando aparecía en interior de palabra.

Como se ve en la ilustración, las mayúsculas, en cambio, eran normales, tanto en mitad como a final de palabra:

teresa

Nada tiene que ver la presencia de la s larga, por tanto, con otra de mis hipótesis, que era que se utilizaba para los casos en los que la s era sonora, es decir, cuando a diferencia de la actual, se pronunciaba con vibración de las cuerdas vocales.

Que nadie se asuste, que un día explicaré todo el sistema del español antiguo de consonantes sibilantes (o consonantes que como la s, suenan como un silbido). Ya expliqué el día del terremoto que en Ossa de Montiel se podía ver un resto de las dos eses con las que antiguamente se representaba nuestro sonido s actual, cuando aparecía entre vocales.

Una muestra de que no tiene nada que ver el empleo de la ese larga con el sonido que representa, es que estas dos eses se podían escribir también con dos eses largas, como se puede ver en la Gramática de Nebrija, por ejemplo, donde encontramos empresso escrito de la siguiente forma:

empreso

*Como curiosidad, la ∫ aún se conserva como símbolo en las integrales. La adoptó Leibniz por ser la primera letra de summa.

A-a (respuesta)

Pregunta

Hola, Carmencita:

Sí, la a es pequeña, pero matona. ¡Lo que me hizo sufrir en mi tesis! Pero yo creo que es posible domarla.

En primer lugar, preguntabas por ejemplos como a gusto, los cuales no es fácil saber si se escriben juntos o separados. Es verdad que es difícil saber si la a se escribe pegada en estos casos. A veces las razones no están del todo claras. Para eso, es útil tener trucos. Yo, por ejemplo, para a gusto tengo el truco de que a disgusto jamás lo escribiría junto y, por tanto, a gusto también lo escribo separado.

Para otros casos tengo el truco de que la a va separada si se puede meter algo entre ella y la palabra a la que acompaña. Por ejemplo, para saber que aparte se escribe junto y de parte separado en aparte de Carmencita y de parte de Carmencita, pienso que se puede decir en este caso de su parte, pero no a su parte. Como se puede meter un su entre de y parte, sé que de parte se escribe separado, pero como no se puede meter entre a y parte, en este caso se escribe aparte.

Este truco sirve para otros casos como a pesar de, donde se podría tener a su pesar, con su entre las dos formas y, por tanto, a pesar se escribe separado.

Otro caso como aposta antes lo miraba siempre, pero me aprendí que viene de apposita (ratione), que en latín significa ‘con una razón específica’ y, por tanto, se escribe junto ya desde su origen. (Próximamente haré entradas en las que mostraré cómo la etimología o el origen de las palabras puede ayudar para saber cómo se escriben o su significado.)

En el caso de adonde, a donde, a dónde y adónde lo primero es que tanto adónde como a dónde son válidas. Como dice la Ortografía, hubo un tiempo en el que se prefirió adónde junto, pero como ambas se usan mucho incluso en registros cultos, ahora se aceptan las dos. Y lo mismo ocurre con a donde y adonde: ambas son válidas.

Lo segundo es que estas cuatro formas solo se pueden usar para expresar dirección. Cosas como ¿Adónde está Carmencita? son, por tanto, incorrectas.

Es distinto en otros casos como afuera o adentro. Aquí la a no indica obligatoriamente dirección. De esta forma, se puede decir tanto Están fuera como Están afuera, para decir dónde está alguien, con una pequeñísima diferencia de significado.

Que la a no es direccional se puede ver en casos como El plato está al borde de la mesa, por ejemplo. Eso sí, para que la a sea locativa es necesario que se haga referencia a una parte de un lugar en el que está algo. En el caso de afuera se hace referencia a la parte de fuera de algo, de una casa, por ejemplo. En el caso de al borde, se hace referencia al borde de la mesa. En cambio, en el caso de adonde, donde no es la parte de ningún sitio (¿el donde de la mesa?) y, por tanto, adonde solo puede expresar dirección.

Sé que es complicadillo. Si a alguien le interesa, puede ver la sección 3.3 de mi tesis. Lo malo es que ahí lo explico con términos algo técnicos, pero podéis encontrar muchos ejemplos.

Y esto es todo. Como siempre, Carmencita, dime lo que no queda claro o si tienes alguna palabra más para la que necesites un truco, que estoy seguro de que te surgirán dudas. Por ejemplo, ¿por qué Ketama escribía agustito junto en el título de su canción?

La razón es que, como decía, el motivo por el que a va junta o separada no siempre está claro y esto siempre provoca dudas y variación.

Un abrazo a todos.

El Académico.

A-a

Hola, Académico:

La ‘a’.

Me persigue. Y empiezo a dudar.

¿Agusto o a gusto? A base de error-corrección he aprendido que es a gusto.

¿Fuera o afuera?

Está claro que en el caso de ¡Fuera de aquí! es obvio, o al menos para mí.

Pero… Cuando decimos: están fuera o ¿afuera?

Dónde vas o… ¿Adónde vas?

Es la dichosa A de Académico.

¿Cuándo junta y cuándo separada?

Esa es la cuestión.

Respuesta

¿María del Mar o María Del Mar?

Es María del Mar.

Podéis encontrar información sobre los nombres de pila compuestos en la Ortografía de la RAE.

Con respecto al uso de la preposición de en los apellidos, se escribe con minúscula (Juan del Castillo), a no ser que se omita el nombre de pila (señor Del Castillo). Podéis encontrar información relacionada en la Ortografía de la RAE.

Otra cosa es cómo se alfabetizan estos apellidos, es decir, en un caso como Juan del Castillo, ¿se considera que el apellido empieza por d o por c (por Castillo)? La RAE dice que la preposición y el artículo (del) no se tienen en cuenta y, por tanto, del Castillo se alfabetizaría por la C.

A este respecto, es muy interesante este enlace en el que el semantista Kai von Fintel habla sobre su apellido y dice que se debe alfabetizar por la f y se debe escribir von con minúscula salvo cuando se empiece oración, como en «Von Fintel afirma…», por ejemplo.

¿Qué opináis vosotros? Sobre todo los que tenéis apellidos con de.

Y, hablando de esto, ¿alguien encuentra algún error en este párrafo de la Ortografía de la RAE (pág. 631):

2015-03-25 14.38.40

Aquí la conversación con la RAE por Twitter:

convers1

Se nos cayeron la baca y la vaca

El clásico problema de cuando tenemos una vaca y una baca en un coche y se nos caen. ¿Cómo lo diríamos?

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El mismo problema hubo en la selección española de fútbol cuando estaban Xavi Hernández y Xabi Alonso. El seleccionador alineaba a los dos ¿Xa(b/v)is? Los dos nombres son distintos, por lo que habría que decir que alineó a Xabi y a Xavi. En este caso ni siquiera se pronuncian igual.

http://elpais.com/elpais/2013/08/14/opinion/1376502399_904895.html

Los odios del «Académico»

Hola, Carmencita:

Lo primero que he pensado cuando me has hablado de odios es que yo no tengo ninguno. Ya sabes que yo, como lingüista teórico, lejos de odiar a la gente que supuestamente habla mal o a los listillos de la lengua, me intereso por sus desviaciones y trato de buscarles una explicación. Por ejemplo, me pregunto por qué se dice a grosso modo y no de grosso modo o por grosso modo.

Tampoco llego a odiar a los que hablan en otra lengua para que no me entere. Yo soy de los que cree que, si alguien no quiere que me entere de algo que está diciendo de mí, es mejor que no me entere, igual que es mejor que ese alguien no sepa lo que opino de él en la secreta lengua de mi pensamiento.

Se va acercando más al odio lo que siento por los que miran mal cuando usamos una expresión correcta o demasiado culta. Me han llamado tantas veces pedante por eso…

Y es que, ahora que lo pienso, ¡qué narices!, aunque soy el Académico, y debería estar por encima del bien y del mal, es verdad que tengo algunos odios.

Odio, sobre todo, a los que responden sin explicar y corrigen sin saber muy bien por qué es así la cosa. Cuando las cosas se explican bien se entienden y se recuerdan mejor. Ese es mi objetivo al escribir en Gramática para Carmencita: explicarlo todo.
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Mis odios parte I: Los listillos

Hola, Académico:

Entre la entrevista y la euforia… Te tengo abandonado.

He decidido escribir sobre uno de mis grandes odios en lo que a ‘hablar y gramática’ se refiere.

Voy a emular a los blogueros de moda que siempre publican una entrada sobre ‘odio cuando….’

Pues aquí van los míos y todos giran alrededor de los listillos de la lengua.

Odio cuando alguien te mira mal porque has dicho imprimido. Puedo leer cómo está pensando: ‘Se dice impreso… ¡tonta!’.

Odio la gente que utiliza latinismos y los emplea mal. Si no estás seguro, no los uses. Menos es más.

El caso más típico de ir de listillo y en el que se evidencia el peor ego (y ya de paso falta de cultura) es Motu proprio. No es De motu propio (en este caso solo se ha acertado con el motu), no es tampoco Motu propio. Te has aproximado más y la cara del listillo de turno es victoriosa. Pero sigue estando mal.

Si no lo sabes emplear, no lo uses. No es necesario.

Odio cuando dices anduve y la gente te mira mal e incluso te pone caras de: ¿En serio dices anduve? ¡Qué pedante!

Odio la gente que dice tresgiversar… Y muchos son periodistas. No digo más.

Odio leer los días y los meses con la inicial en mayúscula. ¿Nos vemos el Viernes? ¿Te vas en Julio de vacaciones? Estamos en España y no se escriben así.

Odio cuando la gente habla en otro idioma bien sea para dárselas de listillo bien sea para contar algo ‘secreto’ (uhhh, secreto). Lo primero cada vez es más común e inevitable y muchas veces la gente lo hace sin darse cuenta. Lo segundo cuando es para que los demás no se enteren, es de mala educación y además… salvo que hables en suajili, es muy probable que la gente se entere porque inglés ya habla mucha gente, francés aussi y chinos hay por todos lados.

Odio decir una palabra bien o una expresión culta y que la gente encima se crea que estás diciéndolo mal. Esto me produce odio-placer en realidad.

Y sobre todo, odio el ir de listillo o listilla y encima hablar mal. Es mi mayor odio. Porque la humildad es básica y cada vez más escasa.

Académico, estos son mis odios en cuanto a los listillos.

Hay odios más comunes sobre expresiones que prometo publicar. Pero para no mezclar y no eternizarme.

¿Cuáles son los tuyos? ¿Y los vuestros?

Carmencita

bajo/desde mi punto de vista

es cuando

Me decía Jaime de L. el otro día que «para cuándo una aclaración sobre el anacoluto «es cuando»». Le prometí que la haría pronto y aquí está.

Para empezar, es importante saber qué es un anacoluto. Un anacoluto es cuando… —¡es broma!—, un anacoluto es, según la RAE, una  inconsecuencia en la sintaxis, es decir, una desviación en la sintaxis que se produce cuando el pensamiento nos lleva por un camino alejado de ella. Así, por ejemplo, en Yo me gustaría ir al cine, el que habla empieza refiriéndose a sí mismo como yo porque va a hablar de algo suyo y luego piensa que lo que quiere decir es que le gustaría ir al cine y no tiene problemas en continuar de esa manera, apartándose de la sintaxis recta. Si hubiera planificado la construcción entera antes de aventurarse a hablar de sí mismo, habría dicho correctamente A mí me gustaría ir al cine.

IMG_20150226_135118En el caso de es cuando ocurre algo parecido. Pongamos un ejemplo: Un anacoluto es cuando se comete un error en la sintaxis. El que cae en este anacoluto lo hace porque empieza con la fórmula de una definición (Un anacoluto es), pero luego sigue con la descripción de en qué momento se produce y no propiamente con la definición de lo que es el anacoluto. Se puede ver el error sustituyendo cuando por el momento en que. Quedaría raro decir Un anacoluto es el momento en que se comete un error en la sintaxis. Solo en el caso de que verdaderamente hablemos de un punto temporal sería posible usar es cuando como en Ahora es cuando podéis intervenir o El lunes es cuando he quedado con él. La sustitución por el momento en que queda bien en estos casos: Ahora es el momento en el que… o El lunes es el momento (o mejor el día) en el que… Se podría evitar el error diciendo Un anacoluto se produce cuando…, pero, si lo que queremos es dar una definición, lo mejor es empezar con Un anacoluto es y seguir con sustantivos que lo definan, como inconsecuencia, error, desviación, etc.

El problema es que la línea que separa la definición de la descripción del momento en el que algo se produce es muy fina, sobre todo al hablar de fenómenos o procesos, como en el caso de un anacoluto. Por eso es fácil y comprensible caer en el error. Además para evitar el anacoluto es necesario, a veces, tener un amplio vocabulario. Por eso era importante, y hay que agradecerlo, que nos forzaran a usar definiciones en el colegio. De esta manera no solo mejoraba nuestro vocabulario, sino que demostrábamos que entendíamos mejor lo que estábamos definiendo.

Añado como curiosidad que anacoluto significa literalmente ‘el que no sigue’. La palabra viene del prefijo negativo (o privativo) an- en griego y de akóluthos que significa ‘compañero de camino’ (como el acólito, que acompaña en misa). A su vez akóluthos viene de kéleuthos ‘camino’, de donde también podrían venir celeridad, acelerar y compañía. Por tanto, un anacoluto es literalmente la falta de un compañero de camino.

La conclusión es que debemos ser buenas personas y evitar anacolutos como el de es cuando para que nuestros grupos sintácticos no se queden solos y sin compañero en el arduo camino que es la sintaxis. Para eso, claro, es necesario pensar bien las cosas antes de decirlas.