¿Me quieres o me amas?

Hubo un día que se me escapó un ‘te amo’.

Entonces ÉL me miró. Se separó. Y me volvió a mirar.

Entendí que, aunque ya lo intuía antes de haberlo dicho, no había estado afortunada. Sí, muchas veces uno sabe que no debe decir o hacer algo, pero se arranca y lo hace. Y claaaaro. Uno se equivoca.

Intentando arreglar lo imposible de disimular, le dije:

‘Que te quiero, que te quiero aún más’.

Y ÉL otra vez me miró. <<Eso, eso eso no se dice>>.

¡Pero bueno!

Quizás si fuese latinoamericana y lo dijese al ritmo de una buena canción, se me hubiese permitido tal licencia.

Pero no, no lo soy.

Académico, ¿qué es lo que pasa?

¿Es que en España no sabemos amar? ¿O es que en otros países tiene otro significado?

Y cuando en una película dicen: te amo, en inglés, ¿qué se dice? ¿También I love you?

Entiende lo importante del tema y la necesidad de tu respuesta.

¡Gracias!

Carmencita

A-a

Hola, Académico:

La ‘a’.

Me persigue. Y empiezo a dudar.

¿Agusto o a gusto? A base de error-corrección he aprendido que es a gusto.

¿Fuera o afuera?

Está claro que en el caso de ¡Fuera de aquí! es obvio, o al menos para mí.

Pero… Cuando decimos: están fuera o ¿afuera?

Dónde vas o… ¿Adónde vas?

Es la dichosa A de Académico.

¿Cuándo junta y cuándo separada?

Esa es la cuestión.

Respuesta

Los odios del «Académico»

Hola, Carmencita:

Lo primero que he pensado cuando me has hablado de odios es que yo no tengo ninguno. Ya sabes que yo, como lingüista teórico, lejos de odiar a la gente que supuestamente habla mal o a los listillos de la lengua, me intereso por sus desviaciones y trato de buscarles una explicación. Por ejemplo, me pregunto por qué se dice a grosso modo y no de grosso modo o por grosso modo.

Tampoco llego a odiar a los que hablan en otra lengua para que no me entere. Yo soy de los que cree que, si alguien no quiere que me entere de algo que está diciendo de mí, es mejor que no me entere, igual que es mejor que ese alguien no sepa lo que opino de él en la secreta lengua de mi pensamiento.

Se va acercando más al odio lo que siento por los que miran mal cuando usamos una expresión correcta o demasiado culta. Me han llamado tantas veces pedante por eso…

Y es que, ahora que lo pienso, ¡qué narices!, aunque soy el Académico, y debería estar por encima del bien y del mal, es verdad que tengo algunos odios.

Odio, sobre todo, a los que responden sin explicar y corrigen sin saber muy bien por qué es así la cosa. Cuando las cosas se explican bien se entienden y se recuerdan mejor. Ese es mi objetivo al escribir en Gramática para Carmencita: explicarlo todo.
Sigue leyendo

¿Segundas o terceras personas implicadas?

Sobre el presunto suicidio del fiscal Nisman en Argentina, se está diciendo en periódicos como El Mundo o el ABC que se descarta la intervención de terceras personas en su muerte:

Sin título

Pero, si en el suicidio se supone que solo habría intervenido él, ¿quiénes serían las segunda personas?

Según los diccionarios, una tercera persona o un tercero es más o menos el que interviene o media entre dos por algún motivo. Aquí solo había una persona.

Es curioso que la RAE, a pesar de la definición que da en el diccionario, cuando habla de las cookies de su página, se refiere a las propias y a las de terceros:

cookies
¿Qué opináis vosotros? ¿Alguien tiene alguna idea de si terceros o terceras personas se utiliza judicialmente incluso en casos de supuesto suicidio? ¿Se podría decir segundas personas o segundos? ¿O habría que decir que no intervino una persona externa?

Duda planteada por Silvia. ¡Gracias!

Las chicas son guerreras parte II

Hola, Académico:

Vuelvo a la carga! Y sigo con el tema del sexismo, del machismo y, por supuesto, ¡del lenguaje!

Es curioso como a raíz de la parte I de Las chicas son guerreras nos han enviado artículos e incluso vídeos relacionados con este tema. Os dejo este:

Siempre me llamó la atención cómo ciertas palabras en masculino tenían una connotación positiva y buena y en cambio en femenino eran peyorativas o poco ‘dignas’ (en especial para algunos).

Empecemos con la expresión ¡cojonudo! Salvo una acepción que puede referirse a algo más negativo, como cuando una persona está enfadada o no entiende nada y clama al cielo o así mismo diciendo:

-¡Cojonudo, cojonudo! ¡Esto es cojonudo!

El resto de acepciones son siempre positivas:

-La fiesta de ayer fue cojonuda

-Estos huevos fritos están cojonudos

E incluso… Los espárragos blancos ‘cojonudos‘. Porque son gordos y buenísimos… Ya os podéis imaginar de dónde viene la analogía…

Entonces necesitamos el antónimo de la palabra cojonudo… que sería… COÑAZO.

¿Y cómo empleamos este término?

-La fiesta de ayer fue un coñazo

-Menudo coñazo de persona

O ya si seguimos… ¡Coño!

Perdonad la retahíla de tacos…

Conclusión: Las cosas apetecibles, molonas y buenas van con COJONUDO, sin embargo, las cosas tediosas, aburridas y nada apetecibles van con COÑAZO. Y misteriosamente cojonudo viene de cojón y coñazo viene de coño. Creo que no hay mucho más que explicar. Dejemos que sea la misma RAE:

cojonudo, da.

1. adj. vulg. Estupendo, magnífico, excelente.

coñazo.

1. m. coloq. Persona o cosa latosa, insoportable.

2. m. vulg. Ven. Golpe fuerte.

También en esta línea están ciertas profesiones:

-Mancebo, en la acepción tercera de la RAE:

En algunos oficios y artes, el que trabaja por un salario, especialmente el auxiliar práctico, sin título facultativo, de los farmacéuticos.

-Manceba, en la sexta acepción de mancecbo/a:

6. f. concubina.

Y tan anchos… Vamos, que en masculino eres un trabajador asalariado y en femenino eres una… Puta, sí, una puta. Aunque concubina queda más elegante.

Y hablando de concubinas… No podemos olvidarnos del término ‘zorro’ y ‘zorra’.

Le pregunté a mi querida amiga Noelia, roja como el tomate y feminista como nadie, si sabía algún ejemplo. Me dice: -Claro, señorito y señorita: Porque señorita es sexista y apela al estado civil sin embargo señorito es un marquesín.

En la misma línea están el femenino de tipo e individuo; está claro que tipa es despectivo e individua también.

¿Qué os parece la expresión ‘Eres una nenaza’ Vs. ‘Eres un machote’?

Es cierto que el uso del masculino tiene un sentido inclusivo en nuestro idioma y que cuando decimos los alumnos, incluye a los de sexo masculino y a los de sexo femenino.

Para algunos habría que desdoblar los sustantivos, lo que viene siendo decir: los alumnos y las alumnas. En cambio mucho abogan por emplear términos como el alumnado, clientela, profesorado… (para así huir de eternas intervenciones y una retórica que puede acabar con la paciencia de los oyentes y ya de paso con las cuerdas vocales del ponente).

La lucha

La lucha en muchos sectores está entre aceptar el masculino genérico, el de toda la vida, decir los alumnos para referirnos a todos, o el femenino genérico, decir las alumnas para referirse de modo general a todos.

¿Por qué muchos cargos tienen asignados cierto sexo?

Me voy a explicar: la enfermera y la azafata. El juez, el ingeniero…

Según la socióloga Inés Alberdi «Parece que cualquier título en femenino vale menos, y que si una mujer se presenta como arquitecto resulta más serio que si dice que es arquitecta”.

¿No podéis pensar que el hombre sí se ofende si se le habla en femenino porque existe el convencimiento de que lo masculino es superior?

Yo sólo lo dejo caer…

Por último, leyendo un poquito sobre este tema, os prometo que me ha resultado apasionante y os iré dejando enlaces en la página de facebook de Gramática para Carmencita, se me ha planteado esta cuestión:

Hay quien pone trabas a emplear el femenino en oficios como músico aduciendo que se puede confundir con la música como arte pero no ve ese problema de confusión con objetos o adjetivos cuando se trata de masculinos como frutero, sereno o estadístico.

Más preguntas

Académico: ¿Es sexista el lenguaje? ¿O es la sociedad la que hace que el lenguaje sea machista?

¿Es discriminatorio el empleo del masculino genérico?

¿No sería igual de discriminatorio usar el femenino genérico en sustitución del masculino?

¿Hay gramática sexista o es el léxico el que lo es? ¿Cuál es la diferencia?

Y por último, gracias a Cleo tuvimos la oportunidad de leer este artículo que ella encabezaba así:

«El lenguaje define, y mucho, la cultura y la sociedad. Sin dar un debate, solo dos apuntes, primero, curiosamente los paises con un lenguaje más neutro estan en el top 5 de igualdad de género: http://www.livescience.com/18573-countries-gender…. Segundo, cómo nos fiemos de la RAE en cuanto al género, mal vamos… Ya que hasta hace poco, mujer se definía como débil y hombre como fuerte, entre otras muchas definiciones. La de gozar, todavía está: Gozar: «Conocer carnalmente a una mujer

Quiero daros las gracias a todos los que colaboráis y también a esas mujeres como Cleo, Beli, Iuren y Noelia que luchan por hacernos más visibles!

Académico… Te lo dije… ¡¡¡¡¡LAS CHICAS SOMOS GUERRERAS!!!!!

Te esperamos,

Carmencita

Respuesta

Las chicas son guerreras… Parte I

Hola, Académico:

Hoy me he despertado guerrera. Y voy a tocar un tema que espero encienda a ellas y calme a ellos.

O al revés… a lo mejor tranquiliza a las féminas y escandaliza a los machos.

Quiero aclarar que esta entrada tiene dos partes… Pero para no mezclar temas primero desarrollaré uno y en la próxima entrada la siguiente.

En primero de carrera tuve una asignatura de Lengua. La profe era feminista y se le notaba y a mí me hacía mucha gracia. El ambiente en Ciencias de la Información con toda su fauna y flora era digno de presenciar.

Este tema captó mi atención:

-Hay un feminismo extremo, hipérbole como yo diría, cuando, por ejemplo, la mujer que ha estudiado arquitectura se denomina así misma arquitecto. Y exige que se le llame el arquitecto. Nada de la arquitecto y mucho menos la arquitecta… El feminismo en su máximo esplendor sería el arquitecto.

Todo esto volvió a inquietarme a raíz de la noticia que publicamos en nuestra página de facebook sobre la actuación de Guardiola con la árbitra (¿o el árbitra? o ¿la árbitro?). Si os fijáis en el enlace  pone ‘arbitro-mujer’ no «árbitra».

http://www.abc.es/deportes/futbol/20141026/abci-guardiola-arbitro-mujer-201410261951.html

Me gustaría saber qué es lo correcto en estos casos y con las profesiones más polémicas: juez, médico…

Y de la mano de esta tema… ¿Habría que decir el periodisto en vez de el periodista?

Además, pensando en ´la árbitro/a’ toda la vida se me había dicho que con artículos determinados e indeterminados (la, el, un, una) si la palabra femenina en singular empezaba con una A acentuada se debía sustituir por el artículo masculino a pesar de su género femenino.

El agua en vez de la agua; el aula por la aula

En cambio: las aulas…

Eso sí, SÓLO CON estos determinantes… Porque si decimos: He bebido mucha agua, ha de ser ya en femenino.

Pues eso, te dejo con la primera parte de este bloque de «chicas guerreras» y para que te inspires aquí tienes la canción:

Gracias Académico,

Carmencita

Respuesta

Sigo sin aclararme… Parte II del LAÍSMO, LOÍSMO y LEÍSMO

Hola, Académico:

He de decir que te curras muchísimo las respuestas.

¡Gracias de verdad!

Pero… No entiendo por qué preguntar no es transitivo… (cuando un verbo va acompañado de C.O.D. es transitivo, ¿no?):

‘Ella fue preguntada por Juan’

¿No es correcto? Yo diría ‘la pregunté’.

¿Y el verbo pegar es también intransitivo? ¿No lleva complemento directo?

‘Él ha sido pegado por su amigo’ → ‘Su amigó lo pegó’

No me suena tan mal en pasiva, aunque me saldría el leísmo madrileño, pero diría que es C.O.D.

Al hilo de esta duda, me ha llamado la atención lo siguiente:

El leísmo madrileño, somos tan chulos los de Madrid que hasta tenemos un leísmo propio! 🙂

Pero sólo en singular y en masculino (todavía somos machistas… Ehhh!)

Le vi, pero no les vi! Muy curioso, mi amiga Lala y yo estamos alucinadas!

Es cierto que deberíamos hacer el ejercicio de los típicos casos que siempre fallamos…

– Le dije, y no la dije
– Le escribí pero no la escribí

Este último caso es más puñetero… Porque ‘la escribí’ puede ser la carta, ¿no? Pero si es ‘Escribí a Pepa’ sería ‘Le escribí’!

Lo de li y lu estoy en proceso de digerirlo.

Y por último, te agradezco mucho el resumen que has hecho al final. Muy útil.

Si pudieras ponernos ‘deberes’, una serie de verbos dudosos o en los que solemos fallar, para que veamos si hemos interiorizado la lección o no, ya sería una clase magistral.

Gracias como siempre,

Carmencita

Respuesta

El Principito

Hola, Académico:

Me encanta recibir mensajes con preguntas.

Ya nadie me llama Carmen… Ya soy Carmencita.

La pregunta de hoy viene desde China de la mano de mi amigo Javi.

Javi es de esas personas que la vida te regala. Siempre digo que como él hay uno en cada continente. Y yo tengo la suerte de que me ha tocado en Europa. Ahora los chinos me lo han robado. Más les vale cuidarle.

El caso es que me mandó esta curiosa pregunta:

«Carmencita, ¿por qué cambiamos de ordinales a cardinales a partir del décimo cuando nos referimos al nombre de los reyes?; a Felipe II lo llamamos «segundo»; a Fernando VII lo llamamos «séptimo»-; y sin embargo a Alfonso XII lo llamamos «doce». ¿No deberíamos decir duodécimo? ¿A qué se debe este cambio?

Hay respuesta para mi?»

Interesante.

No quiero dejar de saludar a Santi y Fontán defensores de lo que ellos mismos han acuñado como FROILANISMO.

Su teoría no deja indiferente a nadie y sus motivos para declarar al rebelde real como legítimo heredero son, sin lugar a dudas, dignos de análisis.

Espero que se animen y no s los cuenten.

Ya por último, estaría bien que repasásemos los apodos de los reyes más ilustres y populares de nuestro reino.

Por ejemplo Fernando VII «el deseado».

Una entrada completa y para sacar nota.

Gracias

Carmencita

Respuesta

Respuesta a El Principito

Pregunta

Hola, Carmencita:

Me alegra mucho que te lleguen preguntas. Eso demuestra que la gente se interesa por cuestiones lingüísticas, a veces, hay que decir que de una manera tan aguda que me veo en un aprieto para contestar. Por cierto, a mí también me pasa como a ti  y estoy empezando a ser «el Académico» para muchos.

Dicho esto, empecemos abordando la pregunta sobre los numerales que desde tan lejos nos llega, no sin antes, claro, mandar un saludo a Javi y darle las gracias por la pregunta.

Para los más perezosos o los más ocupados, la respuesta rápida a por qué se usan los números cardinales y no los ordinales a partir del décimo en nombres de reyes, papas o emperadores es porque a partir de este número los ordinales empiezan a ser más complicados, generalmente debido a que son compuestos y no muy usuales y también a que se confunden con numerales fraccionarios como doceavo.

Para los más curiosos y con tiempo, vamos con una explicación más completa. Lo primero es que los números cardinales son los que se refieren a los números normales, es decir, a los que indican el número de cosas o entidades: uno, dos, tres, veinte, etc. Los números ordinales, en cambio, son los que se refieren al lugar o puesto que ocupa una entidad en una serie: primero, segundo, tercero, vigésimo, etc.

¿Por qué se llaman así? Está claro que los ordinales se llaman así porque indican orden, pero el origen del nombre de los cardinales igual no está tan claro. La palabra cardinal viene del adjetivo latino cardinalis derivado de cardo, que significa ‘quicio’ o ‘gozne’, es decir, la parte de la puerta que, como en el caso de las bisagras, le sirve a la puerta de punto de apoyo y permite que gire (de ahí lo de sacar de quicio o desquiciar, por ejemplo). Se llaman así, pues, estos números porque son el punto de apoyo o elemento principal de la numeración, igual que los puntos cardinales (norte, sur, este y oeste) son el punto de apoyo de la orientación o los cardenales son el punto de apoyo de la Iglesia.

Pues bien, como en el caso de reyes, papas y otros altos cargos se está determinando el lugar que ocupan en una serie, lo normal es que se use un número ordinal, y así sucede, por ejemplo, en Juan Carlos primero o Isabel segunda. Pero, como bien dice Javi, a partir del décimo, en el que se pueden usar los dos (Alfonso décimo y Alfonso diez), se empieza a usar el número cardinal, como en Alfonso doce o Luis catorce. ¿A qué se debe esto? Esto se debe a que, a partir de décimo, los ordinales empiezan a ser elementos más complicados, porque son compuestos y poco usuales. Quizás vigésimo, por ejemplo, no sea muy complicado, pero si os pregunto por el ordinal de setenta o de ochocientos, quizás os veáis en apuros. En este caso son septuagésimo y octingentésimo, respectivamente (si alguien tiene curiosidad, aquí podéis encontrar otros). A esta complejidad se le suma el riesgo de confundir los ordinales con los fraccionarios (como doceavo), que es igual en algunos casos como cuarto, quinto, u octavo, pero en otros casos no. Por ejemplo, se podría decir erróneamente el onceavo piso, cuando en verdad el ordinal de once es o decimoprimero o undécimo, pero no onceavo. Este último solo sirve para expresar la parte de algo, como en la onceava parte de la tarta. También alguien podría decir que ha llegado el treceavo en una carrera, cuando lo correcto sería decir que ha llegado el decimotercero.

Creo que, en vista de este jaleo, ya se puede entender que los hablantes prefieran usar los cardinales en vez de los ordinales para los reyes y papas más allá del décimo para facilitar la cosa, y no solo en estos casos sino en otros muchos como en el siglo doce, el quince aniversario o su cincuenta cumpleaños. Hay casos en los incluso se utiliza el cardinal por el ordinal en los números anteriores al diez, como en la página dos, la fila tres o la planta siete.

Seguramente esto no ocurriría si en español los numerales ordinales fueran tan fáciles como en chino, por ejemplo, en donde creo que solo hay que añadir di (que significa ‘serie’) al número cardinal. Pero esto mejor que nos lo confirme Javi, porque yo no sé demasiado chino.

Habría más cosas interesantes que decir sobre los ordinales, por ejemplo, que se puede decir decimotercera o décima tercera, pero creo que podemos dejar estas cosas para otra entrada y pasar al siguiente tema: el FROILANISMO. De este tema sé poco, pero puedo dar mi humilde opinión. De acuerdo con la Constitución, tal como está ahora, no se puede ser froilanista sin ir contra la Constitución, aunque la verdad es que hacer esto está muy de moda ahora. Según el artículo 57.1 (lo he mirado), en la sucesión a la Corona, tiene preferencia entre hermanos el varón sobre la mujer. Por tanto, en la situación actual de España, Felipe tiene preferencia sobre Elena, a pesar de que esta sea mayor. Solo si no hay varón, la mujer sería la sucesora. Por eso, la sucesora de Felipe puede ser su hija mayor, doña Leonor, que es la actual princesa de Asturias. Así pues, solo si el rey Felipe no tuviera ni hijos ni hijas, Froilán podría ser rey, según están las cosas ahora. En el caso de que ahora se suprimiera la parte que se refiere a la preferencia de varón sobre mujer, como Felipe VI ya es el rey, el sucesor seguiría saliendo de entre sus hijos igualmente y seguiría siendo Leonor la sucesora. Es importante indicar que actualmente no es que haya prohibición de que la mujer llegue al trono, como ocurría con la Ley Sálica promulgada por Clodoveo I, sino que hay lo que creo que se llama preterición, es decir, que no se tiene en cuenta a la mujer si hay varón. Los froilanistas estarían de enhorabuena si conserváramos el Reglamento de Sucesión de 1713 promulgado por Felipe V en el que si solo hay hijas y hay sobrino varón, este sería el sucesor. Pero hay que tener cuidado porque esto fue el origen de las guerras carlistas, después de que Fernando VII publicara la Pragmática Sanción, volviendo al derecho sucesorio de las Partidas de Alfonso X en el que las hijas tenían derecho sobre los sobrinos varones. Espero vuestras réplicas, froilanistas.

Y ya por último, sobre apodos se podría escribir un libro. Yo me limitaré a decir mi favorito y alguna cosa más de otros y os animo a los demás a que digáis los vuestros. Pero antes creo que es importante aclarar que la forma de escribir los apodos (o sobrenombres, como los llama la Ortografía de la RAE) es con el artículo en minúscula y el apodo en mayúscula, sin necesidad de comillas: Alfonso X el Sabio.  

Ahora, en cuanto a mi sobrenombre favorito de rey dentro de España a mí siempre me ha encantado, no sé por qué, el de Martín I el Humano, que fue entre otras cosas rey de Aragón y conde de Barcelona y cuyo sepulcro en el monasterio de Poblet pude visitar gracias a mi amigo Diego. Se llamó así porque era muy religioso, afable y humanitario. También es curioso el sobrenombre de el Rey Planeta para Felipe IV, que creo que es comparable al de el Rey Sol de Luis XIV porque en su época el Sol era considerado el cuarto planeta. Otra curiosidad, hablando de reyes, es, para los que os guste el fútbol, que, si os fijáis en el escudo del Sevilla, el del centro es Fernando III el Santo.

De reyes de fuera de España, si se me permite añadirlos, mi favorito sin duda es Pipino el Breve, padre de Carlomagno, llamado así por su corta estatura. También es curioso el de María Tudor, la Sanguinaria, de donde se sacó el nombre del famoso Bloody Mary.

Y esto es todo. Como decías, Carmencita, esta es una entrada completita. Espero como siempre los comentarios, dudas y aclaraciones de todos; sobre todo en esta entrada, que tiene miga.

Un abrazo.

El Académico

CP: Que os a-p-r-o-v-e-c-h-e*!!!!

Querido Académico:

Hay entradas que llevan dando vueltas en mi mente meses.

Esta es una de ellas y tras decirme Pau que ya era hora de abarcarla me he decidido a escribir. Quería esperar al mejor momento. Y si sigo así… No va a llegar nunca.

Es quizás una de las más difíciles. Cuando la leas lo entenderás y más aún cuando uno intenta ser políticamente correcto y agradar a todos.

Se trata del ‘¡Que aproveche!’

¿Cómo empezar?

Me gustaría por el principio, pero ahí necesito que me ayudes.

¿De dónde viene esta expresión?

Lo más curioso de todo es cómo la usa la gente y cómo para ciertas personas su empleo es de mal gusto o incluso de mala educación y como para muchos es sinónimo de saber estar y de intentar agradar.

Tengo amigos que lo dicen, sin ir más lejos Santi.

Me entra la risa porque un 15 de mayo, mientras íbamos a las Ventas, le dijo a su inseparable amigo Toni:

-Toni, tío, ¿sabes qué? Ahora resulta que no se puede decir ‘qué aproveche’.

Toni me acusó con la mirada y nos empezamos a reír. Sabía que eso sólo podía venir de mí.

-Carmen, ¿de dónde has sacado esto?

Les expliqué que a mí en mi casa siempre me habían dicho que no se decía.
Pero que cuando empecé a darme cuenta de que mucha gente lo decía me paré a pensar:

¿Cómo es posible que para unos sea de mala educación y para otros de buena? Porque si algo tengo claro es que quien lanza un ‘¡Qué aproveche! Siempre lo hace con la mejor de las intenciones. ¡Por eso se merece toda mi simpatía!

Les expliqué mi teoría y les dije que me parecía absurdo que hubiese gente que pensase que es de mala educación y que pensar eso me parecía un esnobismo (¿snobismo?), pero que también era cierto que yo me veía incapaz de decirlo. Que si me lo decían sonreía y daba las gracias. O como mucho se me escapaba un tímido ‘igualmente’.

Pau me comentaba que en la Manga cuando comen en la terraza de su casa (una pasada literalmente a dos pasos de la arena de la playa) la gente al pasar y verles en vez de decir buenas tardes ya directamente sustituyen el saludo por un ¡qué aproveche!

A mi amiga Pau, que es de la escuela del ‘anti-que-aproveche’, se le atraganta la comida y cena una media de 5 veces al día.

Me encantaría que me/nos contases si sabes de dónde viene esta expresión y por qué su percepción tan dispar por unos y otros.

Y a vosotros, los lectores y seguidores del Académico y Carmencita, ¡mojaos por favor!

¿De qué escuela sois?
¿Qué os parece esto?
¿Cómo lo utilizáis o por qué NO lo decís nunca?

Diría un que os aproveche esta entrada, pero ya sabéis… Yo sólo sonrío…

Carmencita


Querida Carmencita:

Tienes razón en que es una pregunta difícil, pero a la vez muy interesante. Yo de cortesía y protocolo no sé mucho, pero trataré de darte una respuesta ayudándome de herramientas lingüísticas.

En primer lugar, confieso que yo utilizo el «¡Que aproveche!» como muestra de cortesía. Y además mucho. Pero trataré de ser imparcial en la respuesta, aunque me temo que levantará polémica.

En segundo lugar, hay que aclarar que se escribe «¡Que aproveche!» sin tilde, porque aquí el que es una conjunción átona y no un pronombre exclamativo tónico, por ejemplo. Es como si dijéramos «¡Deseo que aproveche!».

Aclarado esto, veamos distintos aspectos. Lo primero es que, pese a los que habéis manifestado vuestro rechazo al «¡Que aproveche!» considerándolo descortés o, incluso, paleto, es decir, los «antiqueaprovechistas», hay que decir que, buscando en obras literarias, en general el recibir un «¡Que aproveche!» suele sentar bien y el no recibirlo mal. Por poner un ejemplo, Alfonso Ussía en su Tratado de las buenas maneras escribe:

«Lo que más molestó al barón de esta desagradable aventura es que Domitilo, siempre tan correcto y respetuoso, no le dijera ¡que aproveche! cuando el barón procedió a darle el inaugural mordisco.»

Pero también es verdad que se puede encontrar lo contrario buscando por la red. Por ejemplo, leo en un artículo titulado «Los diez mandamientos del protocolo» lo siguiente:

«Lo del “Que aproveche!”, por favor, eso sí que no. Si lo piensas, no significa otra cosa que desearte que eructes!! Erradicado de nuestro vocabulario gastronómico.»

Ante esto, la verdad es que, si uno lo piensa y, sobre todo, si investiga un poco, llegará a la conclusión de que «¡Que aproveche!» no significa que se esté deseando que el otro eructe. Si uno mira la etimología de aprovechar, verá que está formado a partir de provecho. Provecho viene del latín profectus, que se deriva del verbo proficere, que significa ‘adelantar’, ‘prosperar’ o ‘ser útil’. Por tanto, lo del eructo no tiene mucho sentido; lo que se está deseando es que al otro la comida le sea útil y provechosa, lo cual no quiere decir que acabe en eructo.
Es verdad que a veces los eructos están relacionados con el «¡Que aproveche!» porque a veces cuando uno se tira un eructo se le dice «¡Que aproveche!» irónicamente, tal y como se puede observar en este fragmento de Camilo José Cela de Judíos, moros y cristianos:

«En la ribera verde y delectosa del sacro Tormes, dulce y claro río, el vagabundo, en una tabernilla no muy a la mano, un lunes de mercado del año 1953, en Barco de Ávila, escuchó el regüeldo más detonador y alarmante de toda su existencia.
—Que aproveche.
Por Castilla, tierra de cuidadosos y no fáciles aprovechamientos, se desea provecho tanto para engullir como para digerir.
—Gracias.»

Pero no es que a uno se le desee que eructe, sino que una vez que ha eructado se le dice irónicamente «¡Que aproveche!», al estilo árabe.

Una razón por la que se me ocurre que podría molestar el «¡Que aproveche!» es si el que lo dice se está quejando porque no se le ha invitado o porque no se siente invitado y lo dice de manera irónica. Esto se ve más o menos en este fragmento de Los duendes de la Camarilla de Galdós:

«Y Merino: “¿Estáis de bodorrio? Ahora iréis de comistraje”. Y Ansúrez: “Si quiere participar, tendrá la presidencia”. Y Merino, en la cuerda más baja de la sequedad amarga y del satánico desdén: “Que les aproveche… Yo me voy a mi casa… Cada cual a lo suyo”.»

Curiosamente estos casos suelen aparecer con pronombre: «Que te aproveche», «Que les aproveche», etc.
Para evitar que la otra persona piense que no ha sido invitada, a mí de pequeño me enseñaron una respuesta: «Gracias, si usted gusta…».

También puede ser que moleste si el «¡Que aproveche!» se utiliza de manera forzada con extraños o interrumpiendo una conversación, pero creo, y esta es mi opinión, que en ningún caso un buen deseo se debe tomar a mal. Es verdad, y en esto entiendo a Paula, que puede ser un poco pesado que te lo estén diciendo todo el rato.

Lo de que se vea como algo paleto o de clase baja, como algunos comentan, podría ser otro motivo para defender el «antiqueaprovechismo», pero considero que tanto a ricos como a pobres no nos viene mal que nos deseen que la comida nos sea de provecho y que no nos indigeste.

En cualquier caso, por el motivo que sea, no es extraño que una expresión de cortesía se tome a mal, sea por esnobismo (con e delante) o por lo que sea. No es la primera vez que pasa en español. Por ejemplo, pasó en su momento con el vos, que aunque empezó siendo una forma de respeto hacia los nobles en la Edad Media, luego pasó a usarse para trato indiferenciado y al final fue desvalorizado, como dice Lapesa, por «la puntillosidad de nuestros antepasados», y empezó a considerarse descortés si se usaba con gente no inferior. Por eso se empezó a usar vuestra merced, que acabó evolucionando en nuestro usted (vuesa merced > vuesarced > vusted > usted).
De hecho, ahora está pasando lo mismo con usted. Hay veces que cuando a alguien se le trata de usted se enfada, bien porque considera que estamos creando distanciamiento o bien porque siente que le estamos considerando viejo. Seguimos siendo igual de puntillosos.

En definitiva, lingüísticamente hablando, no hay ningún motivo para ser «antiqueaprovechista». Desde el punto de vista de la pragmática, el protocolo o la cortesía, sin ser un experto, considero que, bien usado, como todo, tampoco hay por qué rechazarlo.

Y para terminar, yo sí que me atrevo a desearte, Carmencita, que te aproveche esta entrada porque soy de los que usa, quizás demasiado, pero siempre con buena intención, el «¡Que aproveche!». A los demás os agradezco enormemente vuestros comentarios y me encantará saber vuestras opiniones al respecto.

Un abrazo para todos.

El Académico